En la dispareja filmografía del inglés Danny Boyle podemos encontrar verdaderas joyas como Trainspotting (1996), Slumdog Millionaire (2008) o incluso una hipótesis de qué hubiera pasado si una banda como The Beatles no hubiera existido, pero alguien conociera su música (Yetserday, 2019).
Uno de sus trabajos más documentados, sin embargo, es la distópica 28 Days Later (2002), escrita con su constante colaborador Alex Garland que plantea una pandemia de proporciones catastróficas, zombis de por medio. Aunque hubo una secuela, que no dirigió Boyle, vuelve a explorar esa tesis más de dos décadas después trayéndose a Garland y a su fotógrafo Anthony Dod Mantle. El resultado, aunque no tiene el impacto de la primera entrega, no deja de ser sorprendente.
La historia se centra en un padre (Aaron Taylor) y su hijo adolescente (Alfie Williams) que viven en una isla que sirve de Atalaya para segregar a los infectados que han evolucionado y ahora ya atacan en grupos, se reproducen y tienen machos alfa. La comunidad vive en una aparente calma de comunismo primitivo y la madre del muchacho (estupenda Jodie Corner) está enferma y hay un doctor en tierra infectada que es tachado de loco (el siempre confiable Ralph Fiennes). La trama entonces se desvía en los esfuerzos del joven para llevar a su madre con el galeno, con los peligros que eso implica. Boyle vuelve a demostrar su soltura y estilo narrativo intenso.
Hay una segunda parte de esta historia, que tampoco dirige y que ya está disponible en HBO junto con esta entrega. Vale la pena y para los fans del realizador, es imperdible.