En la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, una imagen del Niño Dios ha sido vestida con el uniforme oficial de la Selección Mexicana como parte de una tradición que acompañará el Mundial de 2026. La figura permanecerá exhibida hasta el 19 de julio, como un gesto simbólico de encomienda espiritual para jugadores y cuerpo técnico.
Lo que para algunos es una escena peculiar, para otros es una expresión cultural arraigada: la unión entre religiosidad popular y pasión futbolera. La práctica comenzó en el Mundial de 1970, cuando México fue sede por primera vez, y desde entonces se ha mantenido cada cuatro años.
La imagen no cuenta con un solo atuendo. Una familia aficionada donó tenis, balones y tres uniformes completos. De acuerdo con el personal de la Catedral,la vestimenta se irá ajustando a los uniformes oficiales que utilice la selección en sus partidos de fase de grupos. Incluso se han replicado combinaciones específicas, como el uniforme blanco con short verde utilizado en algunos encuentros.
Interior de la Catedral durante la exhibición rumbo al Mundial 2026. Foto: Cuartocuro
Punto de encuentro para fieles y aficionados
El Niño Dios se encuentra en el Altar de los Reyes, dentro de la Catedral, con acceso público diario de 9:00 a 17:30 horas. Visitantes pueden rezar, pedir por el desempeño del equipo nacional o tomarse fotografías como recuerdo.
El rector de la Catedral, José Antonio Carballo, ha señalado que la costumbre refleja una lectura cultural de la fe:“el futbol es cultura”, expresó al explicar que la devoción no compite con la religiosidad, sino que la expresa desde el contexto social.
En la misma línea, el sacristán Ismael De Gante confirmó que la figura porta uniformes distintos según los partidos programados, reforzando el carácter simbólico del seguimiento al torneo.
Detalle del uniforme tricolor colocado en la figura religiosa. Foto: Cuartocuro
Una expresión que se repite generación tras generación
Para muchos visitantes, la imagen del Niño Dios futbolista se ha convertido en un punto de encuentro entre generaciones, donde la identidad nacional, la religión y el deporte conviven en un mismo espacio durante cada Copa del Mundo.
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