En México, una condición silenciosa pero potencialmente devastadora acecha la salud visual de miles: la hipertensión ocular.
La hipertensión ocular, caracterizada por una presión intraocular (PIO) superior a 21 mmHg, es un factor de riesgo crítico para el desarrollo de glaucoma, una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo.
En México, se estima que el 4% de la población padece glaucoma, y alarmantemente, la mitad de estos casos desconoce su condición debido a la ausencia de síntomas evidentes en etapas tempranas.
Aunque la hipertensión ocular no siempre presenta síntomas, algunos signos de alerta incluyen visión borrosa, dolor ocular, enrojecimiento y la percepción de halos alrededor de las luces.
Es esencial prestar atención a estos indicios y acudir a revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente después de los 40 años o si se padecen enfermedades como diabetes o hipertensión arterial, ya que aumentan el riesgo de desarrollar problemas oculares.
Los síntomas de alerta son sutiles y a menudo ignorados, lo que subraya la importancia de las revisiones oftalmológicas regulares. Debemos prestar atención a: dolores de cabeza leves y recurrentes, sensación de pesadez o tensión en los ojos, visión borrosa transitoria, halos alrededor de las luces y dificultad para adaptar la vista a la oscuridad.
Dato rápido:
El glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo.
La mitad de los mexicanos con glaucoma no sabe que lo tiene.
La hipertensión ocular sin tratamiento puede derivar en daño irreversible al nervio óptico.
¡Acude!
Si sospecha que puede tener hipertensión ocular o está en riesgo, es fundamental acudir a un especialista en oftalmología. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece atención especializada; puede comunicarse al teléfono 800 623 2323 para más información.
Estadística
50% La mitad de las personas con glaucoma en México desconocen que lo padecen, lo que subraya la importancia de las revisiones oftalmológicas regulares.
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Medidas de prevención:
Revisiones periódicas: Acudir al oftalmólogo al menos una vez al año, especialmente después de los 40 años.
Control de enfermedades sistémicas: Mantener bajo control la diabetes y la hipertensión arterial.
Estilo de vida saludable: Adoptar una dieta equilibrada y realizar ejercicio regularmente.
Protección ocular: Usar gafas de sol con protección UV y evitar traumatismos oculares.