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16 de julio 2017

Procedentes de los rincones más lejanos de nuestro estado, miles de peregrinas y peregrinos llegarán a la ciudad de San Juan del Río este domingo y mañana lunes.

Su único objetivo: el seguir caminando y llegar a las plantas de la venerada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en su Basílica de la Ciudad de México.

Es una tradición con más de 125 años de historia, pero, sobre todo, una tradición que une a cientos de familias, a miles de personas y a miles de queretanos que cada año esperan con ansias estas fechas y realizar esta expresión de fe.

A veces muchas personas señalan que esta muestra de fe es una pérdida de tiempo, es un riesgo caminar tantos kilómetros y algunas otras cosas; sin embargo, hasta que se está en la peregrinación, hasta que se vive el entusiasmo de los peregrinos, hasta que se camina o se recibe a uno a varios peregrinos, es cuando uno se da cuenta de cómo es la devoción de los queretanos en torno a la Virgen de Guadalupe.

Y es que, por más de quince días, personas de todos los extractos sociales, personas con estudios y personas que se dedican a los trabajos más complicados (obreros, campesinos, médicos, abogados, ingenieros, amas de casa, estudiantes) se unen y avanzan en una columna que, por momentos, parece interminable y que solo tiene una razón de ser, que es la fe, la devoción y el amor hacia quien ha derramado más amor del que merecemos.

Y así las cosas, el próximo domingo, más de 100 mil queretanos estarán en la Ciudad de México, en la insigne y nacional Basílica de Guadalupe, constituyendo una verdadera familia en torno a la imagen más querida para los mexicanos.

Sin duda ese el milagro que anualmente se repite y que, sin duda, deja innumerables beneficios a los que han participado en esta devoción tan queretana.

Nuestra ciudad, fiel a su tradición guadalupana y a su tradición de recibir a los visitantes que llegan de paso o a quedarse en esta tierra, recibe como cada año a los miles de peregrinos que permanecen una noche en muchas de las casas de los sanjuanenses, en donde se les ofrece comida, alojamiento, servicios sanitarios y, muchas veces, un momento de convivencia en el camino que a veces es cansado y fatigante.

Buscando en mis archivos, encontré el bello texto denominado ‘Apuntes de un Peregrino’, escrito por un gran sanjuanense: el capitán Alfredo Coellar Gómez, en donde narra cómo, en el año de 1952, se desarrollaba esta tradición queretana.

De este libro transcribo a continuación la forma en la que se llegaba a San Juan del Río:

“San Juan del Río se viste de gala para festejar a su santo patrono (la peregrinación llegó por muchos años a esta ciudad el día 24 de junio).

“Hay feria en grande, kermeses, carreras de caballos, ‘tapadas de gallos’, encuentros deportivos, baile de coronación de la reina y corridas de toros ‘de postín’, como que San Juan tiene magnificas ganaderías, a donde van en temporadas de descanso o de entretenimiento los más famosos matadores de toros.

“Viajes especiales de turismo y autobuses, los ferrocarriles e infinidad de coches particulares, llevan a la feria de San Juan del Río a personas de todas partes.

“Pero, para los del pueblo, lo más importante es la llegada de los peregrinos.

“Por la carretera de Tequisquiapan, los que vienen de la Sierra con seis días de camino; y, por la de Querétaro, la peregrinación oficial, que descansa en la Estancia (a donde se les llevan víveres, frutas y refrescos como demostración de simpatía).

“En la tarde hacen su entrada triunfal, en valla, formada por miles de vecinos que los reciben con verdadero entusiasmo, valla que cubre su recorrido desde la Hacienda de la Venta hasta la Parroquia, en la plaza principal.

“El templo luce esplendoroso. Su trono labrado en cantera rosa, la custodia monumental y la corona y el cetro de la Virgen de Guadalupe, joyas valiosísimas cubiertas de piedras preciosas, que parecen tener luz interior a juzgar por la viveza y nitidez de sus visos.

“Las campanas sonoras y alegres, como pocas, en el idioma universal de sus lenguas de bronce, saludan jubilosas a los peregrinos guadalupanos que, en nombre del legendario y católico Querétaro, llevan al Tepeyac un mensaje de amor, de gratitud y de esperanza.”

Así se narraba la llegada de la Peregrinación a San Juan del Río hace más de 50 años.

Hoy les damos la más cordial bienvenida a las hermanas y hermanos peregrinos que descansan en esta bella ciudad y les deseamos un caminar con bien y un feliz retorno a cada uno de sus hogares.

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