Para el siguiente ciclo escolar, un tercio de las escuelas en Francia recortarán la semana de clases de cuatro y medio días a solamente cuatro. Autoridades locales anuncian mejor aprovechamiento escolar y ahorros por gastos directos.
Sin embargo, es aventurado afirmar que un día menos tendrá efectos positivos sobre los resultados en el aprendizaje medidos con las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment) de la OCDE.
¿Cómo justificar que valió la pena reducir los días de clase por este ahorro por alumno? En la educación, como en muchas otras materias, los costos y resultados no son medidos en horas o días.
Es posible calcular un ahorro en costos directos como transporte y comidas, pero muchos otros costos no disminuyen, como la nómina de los maestros, la renta de las escuelas, los seguros, etc.
Evaluar los efectos de menos o más horas en el aprendizaje por alumno resulta más complejo. Se genera poca evidencia para demostrar la causalidad y no la casualidad.
El ahorro esperado de 25 a 60 euros anuales es significativo si multiplicamos por la tercera parte de los 4,260,000 inscritos en “primaria”. Pero es solo el 0.0098 por ciento de los 6,090 euros anuales que costó cada alumno en 2015.
¿No cree usted que sería mejor iniciar por medir correctamente el resultado de la educación por hora o día? ¿No cree usted necesario primero conocer los costos y gastos medidos en estas unidades?
Si un negocio deja de funcionar un día de seis, los costos no se reducen una sexta parte. Tampoco aumentarán en una sexta parte los ingresos por abrir un día más.
Es bueno utilizar los promedios como método de aproximación, pero sería un error ejecutar políticas públicas sin registros y datos duros que permitan una adecuada evaluación y rendición de cuentas sobre lo prometido.
En las próximas campañas electorales florecerán propuestas similares de ahorros y mejoras. Esperamos datos, análisis profundos y metodologías para evaluar los resultados, efectos y costos de sus propuestas. ¿Verdad?