A partir del 2011, la Asamblea General de la ONU designó el 21 de marzo como día para la toma de conciencia acerca de las personas con síndrome de Down.
Es importante recordar que, independientemente de su condición intelectual, debemos otorgarles la autonomía que se merecen, ya que cuentan con una gran capacidad de adaptación y pueden llegar a vivir solos, lo cual les permitirá tener éxito en el día a día y en el ámbito laboral. Como lo han sido el caso de Sujeet Desai (músico reconocido), Juan Daniel Rodríguez Mascorro (atleta), John (empresario), Marián Ávila (modelo profesional), Katie Meade (imagen en campaña de una marca de belleza), Noelia Garella (maestra), Ángela Bachiller (concejal de un ayuntamiento), Pablo Pineda (licenciado), etcétera.
A continuación, me permito compartirles algunos datos curiosos de la condición:
Su nombre proviene de John Langdon Down, quien en 1866 fue el primero en dar a conocer esta alteración genética.
Es una discapacidad cognitiva y los rasgos característicos se originan por la presencia de una copia extra del cromosoma 21. Por lo tanto, no es una enfermedad, sino una anomalía genética y no requiere ningún tratamiento médico.
Las mujeres con dicha condición pueden tener hijos mientras los hombres presentan esterilidad.
Lo común es que en la palma de las manos tengamos dos líneas horizontales con forma de la letra M. Pero el 5 por ciento de las personas tienen una única línea transversal en ambas manos, lo cual es considerado como indicador de dicha condición.
La esperanza de vida se ha elevado a 60 años, mientras que en la década de los 80 era de 25 años.
El coeficiente intelectual de la mayoría se sitúa entre 40 y 70.
En el mundo hay 6 millones de personas con síndrome de Down. Uno de cada 800 bebés que nacen cada año padecen el síndrome.
El síndrome de Down también era conocido como mongolismo, ya que en dicha época se creía que la raza mongol presentaba menor evolución e inteligencia. Debido a esto, Mongolia presentó una reclamación ante la OMS reconociéndose en 1965 que el nombre correcto era síndrome de Down.
Simplemente, una muestra más de que, si se quiere, se puede y que los límites no existen si así nos lo proponemos.