Uno de los términos que se ha utilizado durante mucho tiempo y especialmente con los chicos que tienen discapacidad intelectual es el de “son ángeles”. No es que la palabra esté mal, sino la carga emocional que le han puesto, ya que se ha convertido en un obstáculo para todos nosotros.
Al momento de utilizarla, el mensaje que estamos dando al cerebro es que somos inalcanzables y que todos tienen que alabarnos o poner un altar en nuestro nombre o que simplemente por ser tan diferentes a los demás debemos de estar aislados en algún otro lugar y déjenme decirles que es demasiada carga social para nosotros. No somos ángeles ni tampoco perfectos; somos como cualquier otra persona con sus virtudes y fallas, pero lo más importante es que somos personas que queremos salir adelante a pesar de.
Les compartiré una historia muy hermosa que mi abuela me contaba de niña y que probablemente esa ha sido una de las razones por la cuales nos relacionan con los ángeles.
“Dios tenía reunidos a los ángeles en el cielo y les dijo que tendría una misión. Bajarían a la Tierra a recordarles a los humanos que los había hecho distintos para que se complementaran unos con otros, ya que reinaba la desolación y la guerra entre ellos, por lo cual todos tendrían tareas específicas. Tú tendrás memoria y concentración de excelencia, serás ciego. Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte, serás sordo. Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, tendrás parálisis cerebral. A ti te daré el don del amor y serás su persona. Habrá muchos otros y no habrá distinción de raza, porque tendrá la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre, tendrás síndrome de Down. Tú serás muy bajito de estatura y tu simpatía y sentido del humor llegarán hasta el cielo, serás gente pequeña. Tú vivirás en la tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo; preferirás escuchar mi voz a la de los hombres, tendrás autismo. Cada uno llegó al vientre de su madre, en donde al nacer fueron recibidos con dolor, miedo, angustia… Algunos padres rehusaron la tarea, otros la aceptaron con enojo, otros se echaron la culpa y otros lloraron con amor y aceptaron el deber”.