El cambio climático ha existido desde el momento que se formó la tierra. Tiene que ver con los cambios físicos que, de forma natural, realiza la tierra para adaptarse.
Podemos decir que es un proceso natural y siempre se ha llevado a cabo, pero hoy se ha acelerado y es producto de nuestras actividades humanas, muchas de ellas asociadas a la exageración de consumos, productos o actividades.
Como ejemplo, desplazarte 500 metros utilizando el auto en lugar de caminar o que, para ganar más dinero en alguna venta de alimento, se incendian miles de hectáreas para poder sembrar más volumen. La aceleración del cambio climático tiene que ver con la exageración de producción de bióxido de carbono, metano, ozono y varios metales pesados presentes en los derivados del petróleo que contaminan nuestro aire, mantos acuíferos, tierras, dando por resultado alimentos contaminados.
Siendo sabia la naturaleza, siempre habrá contrapesos para mantener el equilibrio del caos, tal como los ecosistemas que actúan de pulmones y depuran el dióxido de carbono en el mundo.
Uno de esos grandes pulmones y regulador del dióxido de carbono a nivel mundial es el Amazonas, una selva tropical que abarca ocho países de América del sur, con extensión de 7 mil de kilómetros cuadrados. El otro importante pulmón se ubica en Australia en el arrecife de coral y, entre los dos, disminuyen las emisiones de gas invernadero que provocamos.
No fue exageración que el incendio de hace unos días en el Amazonas alertara a todo el mundo, ya que aparte de lo anterior, en esa selva tropical se produce igualmente la mayor producción de agua dulce en el planeta.
De igual manera sabemos que hay muchos intereses comerciales por las tierras o monocultivos que pudieran cosecharse y que a pasos agigantados deben de multiplicarse, porque cada vez somos más personas, pocos los recursos, mucha la especulación.
Debemos poner cordura y candados para el futuro, protegiendo nuestros pulmones o zonas de captación de agua, como el área de Peña Colorada en Querétaro.