Para los queretanos, es un gusto que nuestro obispo sea elevado a la dignidad arzobispal
Francisco Pájaro
El pasado sábado nos despertamos con la grata noticia que el Excmo. Señor Obispo de la Diócesis de Querétaro, Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, había sido nombrado décimo Arzobispo de Durango, dejando por consiguiente la diócesis queretana para tomar posesión de la antigua diócesis duranguense que el año que entra cumplirá cuatrocientos años de su erección, primero como diócesis y posteriormente como arquidiócesis.
Para los queretanos, es un gusto que nuestro obispo sea elevado a la dignidad arzobispal y sobretodo en una arquidiócesis con tanta tradición en la iglesia mexicana, pero también sentimos nostalgia que nos deje nuestro pastor y guía, sobre todo porque en ocho años que ha durado su ministerio episcopal ha tenido un gran cercanía con la población, ha sido un pastor muy cercano con los fieles, sobretodo en varios momentos importantes, como en las fiestas patronales, en solemnidades, en momentos de tristezas y en situaciones complicadas para algunas comunidades. Hemos visto a Don Faustino caminar entre la gente, lo hemos visto predicar en las calles de las clásicas colonias, lo hemos visto en las cárceles de nuestro estado llevando su mensaje a los internos de esos lugares y lo hemos visto con los más necesitados de nuestra población.
Era común ver al Obispo en la peregrinación anual de Querétaro al Tepeyac, caminar grandes jornadas junto con las mujeres y los hombres que caminan desde la sierra queretana y en este último año lo hemos visto incluso en bicicleta con los peregrinos ciclistas que van en su propia columna hacia la ciudad de México.
Desde la erección de la Diócesis de Querétaro, ninguno de los obispos nombrados había sido cambiado por el Papa a otra diócesis, esta es la primera ocasión que sucede algo así, por eso creo a los queretanos nos duele esta situación porque nuestros pastores habían concluido sus vidas en medio de un pueblo fiel como lo es el pueblo de Querétaro.
En lo personal, desde el día de su llegada conocí a don Faustino y lo traté en muchas ocasiones, al día siguiente de su llegada tuve la suerte de estar presente en la recepción que se le dio en la catedral y ahí fue mi primer saludo con él, posteriormente a los ocho días de su llegada a estas tierras visito San Juan del Río y en muchas ocasiones tuve la oportunidad de platicar con él y de convivir en varias actividades que tuvo en tierras sanjuanenses. Todavía el pasado mes de julio caminé con él a la entrada de la columna de peregrinos, en pleno calor de verano, pero con la alegría de llegar a los pies de la Virgen de Guadalupe en su santuario que está en el corazón de la ciudad.
Será el próximo día 21 de noviembre cuando tome posesión de su nueva diócesis y tenga el título de arzobispo metropolitano, pero seguro estoy que nunca olvidara esta tierra queretana de la cual fue su noveno obispo. Don Faustino, muchas gracias por todo lo que nos enseñó, por todas sus palabras, pero sobre todo por ser un gran pastor para los queretanos.