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24 de junio 2020

El manejo de la tecnología, de plataformas y aplicaciones se vuelve indispensable para la colaboración, la comunicación y el desarrollo de innovadores proyectos

Anel Torres Rodríguez, profesora de la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

Recientemente terminamos el semestre, después de llevar nuestras clases a formato digital por el COVID-19. Por fin acababan las largas sesiones de Zoom. Terminamos con mucho éxito gracias a la buena disposición, adaptabilidad y colaboración entre maestros, alumnos y familias. Yo sé que mi caso no es el único; es una situación vivida por muchos maestros, apasionados de su profesión y comprometidos con sus alumnos. Contrario a lo esperado, con tropiezos tecnológicos y aislamiento: hubo aprendizaje.

El salón de clases se convirtió en una pantalla de computadora, las presentaciones del maestro disminuyeron y la creatividad se volvió el as bajo la manga para que ningún participante se perdiera en la infinidad de distractores que surgían por la cercana interacción de toda la familia, coordinándose al unísono para optimizar el espacio y sacar sus responsabilidades adelante. Fue una buena experiencia.

Los jóvenes son brillantes y sorprendentes, no los subestimemos; debemos crear las condiciones adecuadas, para que con una acertada orientación, florezcan.  Las clases en línea son una nueva forma de aprender y desarrollar habilidades útiles para la vida profesional.

El manejo de la tecnología, de plataformas y aplicaciones se vuelve indispensable para la colaboración, la comunicación y el desarrollo de innovadores proyectos. Esta situación nos llevó a descubrirla y utilizarla eficientemente.

Se formaron comunidades de aprendizaje unidos por las circunstancias, y donde todos se apoyan entre si. El profesor es ahora facilitador. Su papel es acercar los conocimientos y guiar; crear alianzas con colegas de diferentes expertise, animar y motivar al grupo a llegar a la meta.

Se superaron retos importantes. La clave: que fueran desafiantes y trascendentes para que los alumnos se emocionaran y se comprometieran, y de esta forma, tuvieran un aprendizaje significativo.

La pandemia nos deja aprendizajes, se superaron retos, se creó comunidad, nos adaptamos y trascendimos las circunstancias y aprendimos a manejara la tecnología. Nuestro siguiente reto: que este tipo de ecuación sea accesible para todos.

 

 

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