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12 de diciembre 2020

La máxima función de este congreso entrante, deberá ser: contener la desmedida ambición de poder de la que todos somos testigos

Mish Miranda

Las ya conocidas “intermedias” vendrán a marcar una pauta en materia legislativa así como para la elección de gobiernos locales, el congreso federal tendrá que ejercer su función de control, visor y contrapeso, dejando no únicamente de ser una plataforma de posicionamiento y pluralidad en voces (que pareciera que ya tampoco existe) si no, de conservar los fideicomisos, la medidas de seguridad, la políticas de salud, economía.

La máxima función de este congreso entrante, deberá ser: contener la desmedida ambición de poder de la que todos somos testigos.

Posicionamientos van y vienen sobre la agenda del año que entrante, este nuevo ciclo nos traerá un sin número de fracasos que son parte del resultado de nulas planeaciones de política pública, falta de empatía, gobernabilidad, congruencia, proyectos de ley y por ejemplo: incentivos fiscales para salvar micros y medianas empresas.

La total ausencia de control de contagios, acción que marcó la vida de más de cien mil familias que perdieron a un ser querido en esta pandemia, pareciera que el futuro a corto plazo, no se aprecia muy prometedor.

Al tiempo, tampoco podemos olvidar la advertencia que nos planteaba Woldenberg hace un par de años, ante el desencanto con la política mexicana mencionaba que: “ojalá no nos arrepintamos de estar dejando tan desprotegida a una democracia” y es aquí donde creo que la oportunidad rumbo al 2021 es más visible, se tiene que lograr que la ciudadanía, se dispongan a escuchar lo que la oposición aún tiene por hacer y por construir, pasamos por un momento histórico.

Tal como lo plantearon hace un par de años en su libro, “Cómo mueren las democracias”, Levitsky y Ziblatt desde una postura en favor de salvar democracias en el mundo comentaba, “Siempre será preferible una alianza con los moderados del espectro ideológico contrario que con los extremistas del propio extremo ideológico, si deseamos defender la democracia: “(…) cada vez que los extremistas emergen como contendientes electorales serios, los partidos mayoritarios deben forjar un frente unido para derrotarlos.

“Los frentes democráticos unidos pueden evitar que los extremistas ganen el poder, puede significar salvar una democracia”.

Ya sucedió en 1936 en Bélgica tras ser testigos de movimientos antidemocráticos de sus vecinas Italia y Alemania y temerosos por su propia supervivencia, lograron un acuerdo de alianzas que estaban contrariadas ideológicamente pero que podían dialogar civilmente.

Una dinámica similar tuvo lugar en Finlandia, donde el movimiento de extrema derecha Lapua irrumpió en la escena política en 1929 y más cercano a nosotros sucedió también en Austria en 2016, desde el principal partido de centroderecha (el Partido Popular Austríaco u ÖVP) quien mantuvo de manera efectiva al margen a un Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), de derecha radical.

Al margen de la presidencia a este Partido, le coartaron su llegada formando acuerdos con opositores ideológicos y rivales de partido, permitirle el paso a las alas radicales de ambos espectros rompe toda posibilidad de diálogo y sin diálogo no habremos de salvar ninguna democracia, demos paso al reconocimiento de la otredad y de las ideas, transformemos con ellas.

Instagram @soymishmiranda

Twitter  @mirandamish

 

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