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8 de febrero 2022

Mario Maraboto

Hace algunos años se exhibió en México la película ‘En la mente de un asesino’, en la que un hombre con habilidades extrasensoriales se alía con el FBI para dar caza a un asesino en serie. En la trama, el asesino mata a sus víctimas para evitarles dolores, pues todas, aunque no lo sabían, tenían enfermedades con duras secuelas; les daba muerte rápida para evitarles padecer los dolores de la enfermedad.

La película plantea un cuestionamiento: ¿Quiénes somos para decidir lo que es mejor para los otros, especialmente cuando se trata de decidir sobre la propia existencia? El tema, aunque no lo parezca, no es eutanasia, sino un trastorno psicológico que lleva a algunas personas a pensar que tienen la posibilidad de salvar a otros.

Ese trastorno se denomina complejo de Mesías y desde hace algún tiempo parece extenderse entre personas con cierto nivel de poder e influencia sobre la sociedad, como pueden ser políticos, jueces, periodistas, médicos, etcétera, que buscan ser aplaudidos por su labor “en favor” de otros.

Según Carl Jung, fundador de la escuela de Psicología Analítica, los complejos son experiencias emocionales provenientes de vivencias reprimidas que no logran ser reconocidas de forma consciente y quedan atrapadas en el inconsciente personal (Young-Eisendrath, Polly. ‘Introducción a Jung’.  Cambridge University Press, 1999). De acuerdo con Jung, los complejos contienen imágenes arquetípicas que permanecen latentes en el inconsciente hasta que de alguna manera se estimulan, y en ciertos casos se activan. Es entonces cuando personas confundidas se identifican con esa imagen arquetípica que inflama el ego típicamente en pacientes esquizofrénicos o que sufren de un trastorno delirante.

El complejo de Mesías es un estado psicológico: el individuo cree ser o estar destinado a ser un salvador en algún campo de actuación específico; alcanza su propia gloria y confía plenamente en sus capacidades y en su propio destino, así como en los efectos  positivos de su participación entre un grupo de personas.

Algunos casos notables:  En 1978, James ‘Jim’ Jones, fundador de la secta Templo del Pueblo, afirmaba ser Jesús y llevó al suicidio colectivo a 917 de sus miembros; en 1993, David Koresh, quien afirmaba ser profeta y que Dios lo había elegido, llevó a la muerte a 74 integrantes de la secta de los Branch Davidians en un evento conocido como la matanza de Waco (Texas); Marshall Herff Applewhite, fundador de la secta Heaven’s Gate, se autoproclamó Mesías y en 1997 organizó un suicidio colectivo.

Otro caso notable: En 2012, se dio a conocer que un informe elaborado en 1942 por los servicios británicos de inteligencia menciona que Adolfo Hitler padecía complejo de Mesías. En el informe, escrito por un académico de la Universidad de Cambridge, se asegura que “Él es un dios encargado de lograr la victoria sobre el mal. No explica esto en palabras literales, pero una serie de ideas llevan a la conclusión de que lo dijo de manera críptica”.

De regreso a la actualidad, el 20 de octubre de 2003, el entonces senador Juan José  Rodríguez Pratts –a quien han calificado como “probablemente el político tabasqueño que mejor conoce a López Obrador”– expresó en una entrevista: “Con todo respeto a Andrés Manuel, el jefe de Gobierno capitalino tiene cosas que asustan, de misticismo, de sentirse predestinado.”

Por su parte, el historiador Enrique Krauze publicó en junio 2006 una entrevista con AMLO en la que expresa: “Ahora, mucho más que en la época de Echeverría, la dialéctica descrita por Jung está operando. El ‘inconsciente colectivo’ de muchos mexicanos está arrastrando a López Obrador al desequilibrio, exigiéndole cumplir expectativas mesiánicas, […] pero él ha sido el primero en alentar esas expectativas y en creer que puede cumplirlas. ‘Ungido’, más que electo, por el pueblo, podría tener la tentación revolucionaria y autocrática de disolver de un golpe o poco a poco las instituciones democráticas, incluyendo la no reelección.”

Varios años después, esos síntomas parecen acrecentarse. A lo largo del lapso que lleva como presidente, López Obrador ha emitido mensajes de contenido religioso que lo confrontan con el espíritu de uno de sus héroes favoritos: Benito Juárez. Ha comparado sus acciones con lo que Jesucristo hacía por los pobres; afirma que lo que está haciendo es cristianismo y hasta emite una Constitución moral distribuida por una organización religiosa; prácticamente, todas las mañanas pontifica con frases como “Que haya bienestar del alma”, “Siendo buenos podemos ser felices”, “Abrazos, no balazos” o decir “Los delincuentes son seres humanos y merecen nuestro respeto”.

Con este tipo de expresiones, implícitamente se asume como mesías y con ello es de pensar, como dice Jung, que su ego está inflamado, sufre un trastorno delirante y, al igual que en la película, decide qué es mejor para todos. Salvo la opinión de expertos, sufre un complejo de Mesías que está dañando a México.

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