El Presidente Andrés Manuel López Obrador es un sabio navegante de los siete mares de la política, su trabajo territorial, su mesura al momento de competir por cargos públicos fue clave para reforzar la legitimidad del movimiento que eventualmente lo llevó a ocupar la silla presidencial, sin embargo su gestión al frente del país no ha sido sencilla, ha sido un camino minado donde propios y extraños han sumado para que la estabilidad nacional sucumba ante movimientos que tienen la intención de que el gobierno de la cuarta transformación pierda la brújula en el camino.
No es novedad que personajes que apenas en 2018 juraban lealtad al movimiento, hoy en día se encuentren encabezando candidaturas con otros partidos políticos o protagonizando actos de la mano de la oposición al presidente. De Lili Tellez hasta Ricardo Montreal, podemos enumerar una buena cantidad de actores políticos que al no obtener lo que esperaban, deciden rebelarse y desestabilizar desde las entrañas del proyecto que representa MORENA. Por otro lado se encuentra parte de la iniciativa privada, sector que al perder los privilegios que poseía en las administraciones pasadas han decidido fusionarse con el PAN, PRI y PRD, extraña coalición que en el 2021 pasado sólo causó pena ajena.
Aún faltan 2 años de gobierno, la urgencia de democracia al interior de MORENA empieza a tener una demanda que al propio presidente puede preocuparle, los empresarios inconformes saben que invertir en un descalabro de la 4t es un negocio viable para sus intereses y las traiciones, créame, están a la orden del día.