El refrán popular nos dice que se acabará la rabia pero no aplica para todo ni para todos. En estos días hemos visto noticias de feminicidios, asaltos en carreteras y mucha violencia que ha provocado salir a las calles a pedir justicia. En la mayoría de los casos la cárcel sería el lugar de muchos de los actores de estos crímenes y delitos. Pero la pregunta importante es: ¿Al encarcelar o juzgar a estas personas se terminará el problema?
La justicia se requiere y las victimas merecen ser escuchadas con una reparación del daño, pero ¿Hay acciones que seguirán fomentando que sigan saliendo nuevos criminales, feminicidas y personas dispuestas a violentar a otras personas? La respuesta categórica es sí. Detrás del criminal viven muchas personas con una falta de estructura familiar, emocional, con daños que son los que provocan que el único camino para ellos real, sea la violencia.
El marco normativo termina al enjuiciar a un victimario, pero la sociedad debería entrar a revisar si en el circulo familiar y el entorno del agresor existen otros detonantes activos que generen nuevas dinámicas de violencia y delincuencia. Si criminal tras las rejas elimina violencia ¿Por qué hay tanta reincidencia?