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26 de abril 2022

Mario Maraboto

Luego de la votación para la revocación de mandato (que se convirtió en ratificación) en la que los suspirantes a presidente por parte de Morena se desvivieron en superar sus cuotas de acarreos y votos, comenzó una cierta inquietud por la sucesión presidencial.

Recordemos que en julio del año pasado AMLO mencionó como posibles candidatos a Claudia Sheinbaum (la evidente “favorita”), Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma, Tatiana Clouthier, Rocío Nahle, “bueno muchísimos, afortunadamente hay relevo generacional”, dijo, en un claro regreso al pasado priista: poner en juego varios nombres para que se debiliten entre ellos para terminar con el verdadero “as bajo la manga” y la designación por “dedazo”.

Es una práctica que surgió en la época de Ruiz Cortines, considerado el creador del tapadismo, cuando la sucesión presidencial se desenvolvió entre fintas, insinuaciones y lenguaje a medias. Se trata de difundir, abierta o veladamente, los nombres de los posibles candidatos, con lo que, por un lado se distrae a la opinión pública con los golpes bajo la mesa entre los contendientes, y por otro, se disimula el “dedazo” presidencial sobre el elegido.

Nótense algunas similitudes: Al igual que en la actualidad, el proceso sucesorio de Ruiz Cortines inició en el tercer año de gobierno; el presidente puso en movimiento la imaginación de quienes pudieron creerse los llamados, pero con un claro “favorito”: Gilberto Flores Muñoz (El Pollo) Secretario de Agricultura (lo que ahora podría ser Claudia Sheinbaum). Pero el dedo presidencial señaló a un discreto Secretario del Trabajo apellidado López Mateos. Se dice que el presidente dio la más clara señal cuando en algún momento expresó: “el futuro de México está en el trabajo fecundo y creador”. Al favorito sólo le dijo “perdimos pollo, perdimos”.

Luis Echeverria, con quien AMLO inició su carrera política, ordenó la difusión pública de una lista de seis precandidatos, lo que provocó una guerra interna entre grupos priístas; dijo que el candidato sería producto de una auscultación en todos los niveles del sistema político (lo que ahora son las “encuestas” amañadas de Morena), pero al final su dedo apuntó al precandidato que estaba en el último lugar, carecía de grupo político y de poder y era considerado por Echeverría como su hermano de juventud (Como ahora lo es Adán Augusto López). El puntero era el Secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia y el elegido fue el Secretario de Hacienda, López Portillo. Al igual que Ruiz Cortines, Echeverría engañó a todos los precandidatos.

Los siguientes presidentes, hasta Ernesto Zedillo, también tuvieron sus listas con un favorito, pero siempre prevaleció el dedo presidencial y no siempre sobre ese favorito: López Portillo tenía como favorito al Director de Pemex Jorge Díaz Serrano (había hablado de “administrar la abundancia” petrolera) pero la caída de los precios del petróleo lo tumbaron; el elegido fue Miguel de la Madrid. Éste lanzó a los secretarios de Gobernación, Educación, Programación y Presupuesto, el Jefe del Departamento del DF y el Procurador General. Las apuestas apuntaban hacia el Secretario de Gobernación pero el dedo señaló a un joven economista que diera continuidad al liberalismo económico: Salinas.

Pero el método se había agotado y consciente de ello Salinas simplemente eligió a su más talentoso colaborador (“no se hagan bolas, el candidato es uno”), por encima de su mejor amigo, Manuel Camacho Solís. Sabemos que Colosio fue asesinado y su lugar lo ocupó Ernesto Zedillo. A partir de él los presidentes buscaron postular a un solo favorito, sin resultados positivos: Zedillo a Francisco Labastida, Fox intentó nominar a Santiago Creel, y Felipe Calderón a Ernesto Cordero. Por su parte, el PRI sólo nominó a Peña Nieto, quien ganó la presidencia, y retomó la fórmula del tapadismo con 5 secretarios: Gobernación (Miguel Ángel Osorio Chong), Relaciones Exteriores (Luis Videgaray), Educación (Aurelio Nuño), Hacienda (José Antonio Meade) y Salud (José Narro Robles). El elegido no fue el de gobernación, sino el de Hacienda… y perdió

El destapador López Obrador conoce bien el juego, especialmente cuando requiere de distractores que desvíen la atención de los temas fundamentales. En los siguientes meses seguirá mostrando sus “preferencias” pero nada le garantiza a los hasta ahora mencionados que, en efecto, alguno de ellos será el elegido. Recordemos que en su lista original AMLO no mencionó al líder de su fracción en el Senado, ni a los actuales secretarios de Gobernación y de Economía, ni a nadie en el Poder Judicial.

Finalmente, Ruiz Cortines expresó: “Sobre el presidente en turno recae la tremenda responsabilidad de interpretar lo que el pueblo mexicano quiere y necesita”. Hagan de cuenta que lo dice AMLO.

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