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5 de julio 2022

Mario Maraboto

Hace algunos días se hicieron virales en Twitter algunos mensajes y videos en referencia al hijo menor de AMLO. Independientemente del origen de los mismos (se especula que salieron de la oficina presidencial para crear una nueva cortina de humo), el tema da pie para reflexionar sobre lo que podríamos denominar el “quinto poder”.

A principios del mes pasado me referí al cuarto poder como una fuerza real y vigente, referida específicamente a los medios de comunicación que hoy se denominan “tradicionales”. El quinto poder tiene igual o más influencia tanto en la vida pública como privada de individuos y organizaciones.

Este quinto poder deriva de la manera en que se ha trasformado la tecnología. Las nuevas y dinámicas tecnologías de la información han dado pie al surgimiento de plataformas virtuales y con ello a lo que se ha dado en llamar ciberperiodismo y al periodismo ciudadano. Es un poder que se inscribe dentro la denominada sociedad de la información caracterizada por la capacidad de obtener y compartir cualquier información, instantáneamente y desde cualquier lugar.

La fortaleza de este poder reside en cuatro factores: la posibilidad multimedia que le da plasticidad comunicativa a través de diferentes canales en un mismo sitio;  la hipermedialidad  que permite dar profundidad a la información a través de hipervínculos; la interactividad que facilita a las audiencias la posibilidad de opinar sobre cada texto, imagen o video y participar en el debate e inclusive en la creación de nuevos contenidos; y la instantaneidad, que permite transmitir y recibir información de forma eficaz e inmediata, independientemente de que sea verdadera o falsa.

Por otro lado, el periodismo ciudadano, cuestionado en cuanto a que no todos los ciudadanos que participan en las redes sociales son periodistas de profesión, surgió como una forma de periodismo personal y participativo. Los individuos han utilizado las redes sociales para obtener y distribuir su propia información. A través de ellas los ciudadanos –muchos de ellos periodistas profesionales u opinadores- se expresan, comentan o reportan situaciones o sucesos de los que generalmente son testigos.

De alguna manera Twitter, específicamente, le ha dado al ciudadano ese quinto poder al posibilitar la transmisión instantánea de información sobre sucesos, por parte de quienes están en el lugar de los hechos. El periodista de The Guardian Jeff Jarvis expresa en su libro “El fin de los medios de comunicación de masas” (2015) que “Internet ha demostrado su eficacia ayudando a las comunidades a informarse, compartiendo lo que sucede a través de Twitter.”

Pero además de transmitir información la ciudadanía ejerce el quinto poder al exhibir injusticias sociales, convocar a protestas ciudadanas, crear víctimas, o generar linchamientos, como en el caso del hijo menor de AMLO.

Es evidente, entonces, que el quinto poder informa, exhibe, condena; halaga lo mismo que ofende, concilia igual que confronta; exalta o denuesta; comunica noticias verdaderas o falsas. En algunos casos abusa y en otros se limita y deja dudas. Por tanto es un poder que demanda mucha mayor responsabilidad que a quienes sólo ejercen el cuarto poder a través de los medios de comunicación.

Los globalizadores habían declarado que el siglo XXI sería el de las empresas globales; la asociación Media Watch Global afirma que será el siglo en el que la comunicación y la información pertenecerán finalmente a todos los ciudadanos. ​Ya estamos en camino.

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