Si hay algo que se le da bien el actual Presidente de la República es hacer campaña con base en preguntas retóricas y falsos dilemas. Unas y otros son herramientas muy útiles para manipular a las personas y es muy empleada especialmente por los políticos, entre los cuales AMLO es maestro.
La pregunta retórica, según e Diccionario de Retórica y Poética (Porrúa, 1985), es una “figura de pensamiento por la que el emisor finge preguntar al receptor, consultándolo y dando por hecho que hallará en él coincidencia de criterio; en realidad no espera respuesta y sirve para reafirmar lo que se dice.”
Se trata de preguntas cuyo sentido principal es generar un argumento para lo que el emisor busca sustentar; simula un diálogo pero se da por hecho que la audiencia estará de acuerdo con el emisor. Recuerdan por ejemplo: “¿Qué quieren los sacerdotes, que resolvamos los problemas con violencia?” La pregunta dio pie para cuestionar al clero “apergollado”.
El empleo de esta técnica ha permitido al presidente evadir públicamente temas de verdadero interés nacional; le ha sido útil para reforzar su posicionamiento ideológico; le ha facilitado la evasión de la realidad y defender a quienes son señalados por corrupción y nepotismo dentro de su propio gobierno, y le ha posibilitado justificar sus decisiones erróneas, incluyendo la de no modificar la estrategia de seguridad, entre muchos otros ejemplos.
En cuanto a los falsos dilemas, son una forma de falacia en la que la realidad se reduce a dos opciones, cuando hay muchas más aunque no se conozcan. Es un razonamiento que suele estar muy bien disfrazado y resulta muy lógico en apariencia. Un ejemplo muy conocido: “O están conmigo o están en mi contra” (en cuyo caso son corruptos, neoliberales, traidores, aspiracionistas, etc.).
Todos somos propensos a caer en los falsos dilemas. El problema es que pocas veces pensamos en que cada situación puede tener varios matices y diferentes alternativas. Muchas veces se plantea un dilema en donde no existe, por ejemplo: o crees en la 4T o eres un neoliberal; entre las dos antípodas existe una gama de opciones tanto en criterios políticos como ideológicos. En otro caso el gobierno planteó: la guardia nacional o el crecimiento de la delincuencia, lo cual es una falsa oposición ya que la primera no es la única opción para evitar lo segundo y ello ha quedado demostrado.
El problema es que, con este presidente, la construcción de un dilema falso obliga al auditorio a escoger entre dos alternativas dejando de lado otras opciones que pueden ser válidas. Por eso siempre es bueno preguntarse: ¿hay otra opción?
Con base en preguntas retóricas y falsos dilemas, la actual comunicación del gobierno federal ha estado centrada en enfatizar que en este país ya se acabó la corrupción, que ha disminuido la delincuencia, que todo lo malo del presente se debe a administraciones anteriores, que vamos bien en la economía, que este gobierno no es autoritario, entre otras falacias.