Una de las recomendaciones que se da a quien va a fungir como vocero de alguna institución es preparar, memorizar y pronunciar una frase que sea recordable y citable en varias ocasiones.
Un ejemplo es la expresión “Si no pueden que renuncien”, pronunciada en 2008 por Alejandro Martí, al solicitar justicia ante el asesinato de su hijo. La frase ocupó grandes encabezados en distintos diarios, fue comentada durante los siguientes días y eventualmente sigue pronunciándose ante los niveles de inseguridad en el país.
Muchas de esas frases son desatinos que generan polémica, perduran y se convierten en un referente, especialmente si son expresadas por un presidente de la República. Algunas son ridículas, otras dan risa, y las hay que dan pena ajena.
Seguramente las nuevas generaciones nunca han escuchado “soy gobernador, no bombero” que expresó el entonces gobernador Miguel Alemán cuando se quemó el mercado en Veracruz; Luis Echeverría tuvo varias como: “la relación con Estados Unidos ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”. De López Portillo perdura la frase “Defenderé el peso como perro”, así como la de Carlos Salinas “Ni los veo ni los oigo.”
Uno de los presidentes con más desatinos verbales (además de otros) fue Vicente Fox. Tres entre muchos: “¿Y Yo por qué?” ante el conflicto entre dos televisoras; “Comes y te vas” invitando a Fidel Castro a una Cumbre de la ONU en México; “El 75% de hogares ya tiene lavadora de dos patas”, en misógina referencia a la mujer en el hogar.
De Calderón fue famosa “Haiga sido como haiga sido (como dicen en mi pueblo)” y entre varias de Peña Nieto: “Estamos a un minuto de aterrizar, a menos, como a cinco”; “No soy la señora de la casa” (al desconocer el precio del kilo de tortillas), o “Ya sé que no aplauden” en referencia a los reporteros en una conferencia de prensa.
En 2018 llegó al poder quien seguramente logrará la hazaña de más frases recordables por su impertinencia y desatino. Sabe que cuando una frase genera polémica, la atención de los medios y de las redes sociales va a hacia ella y la discusión se acentúa con declaraciones y opiniones de otros actores, lo que hace que el tema se prolongue durante varios días, para desviar la atención de los temas sustanciales de su ineficacia.
Si Alemán dijo no ser bombero, este dice “no me puedo mojar nomás por la foto”; si Salinas expresó “no se hagan bolas” en referencia a su candidato a sucederle, AMLO ha dicho “Ya no hay tapados, yo soy el destapador”; si López Portillo defendería el peso como perro, AMLO tiene otros datos; si Zedillo habló de los malosos, este habla de los conservadores corruptos; si Fox dijo que los medios engañan o mienten, el actual habla del hampa del periodismo, y de las más actuales: “no somos iguales” (son peores), “Se acabó la corrupción” (no dice en qué país), “No traigo carro blindado” (sólo camioneta blindada), o “No tengo nada que temer” (Palacio Nacional tiene triple barrera de contención y sí funcionan los abrazos).
Una frase recordable positivamente debe prepararse acorde a la coyuntura y al momento que se esté viviendo, a menos que la intención sea, precisamente, que se recuerde negativamente como parte de una estrategia política de distracción ante los temas fundamentales. En eso AMLO es un verdadero especialista.