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30 de agosto 2022

Mario Maraboto

La mejor forma de agravar una crisis de comunicación es, paradójicamente, a través de una pésima comunicación. En eso, hasta el “maestro” en el tema (AMLO) ha fallado. El actual gobierno ha enfrentado varias desgracias ante las cuales no ha sido capaz de expresar mensajes solidarios que generen empatía con los afectados y que sean convincentes en cuanto a lo que se hace por solucionar cada situación.

Es verdad que la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos no da mucho margen para pensar y estructurar los mensajes que idealmente deberían comunicarse ante circunstancias adversas y por ello se recurre a lugares comunes y frases que hemos escuchado en algún momento frente a situaciones críticas: “Vamos a llegar al fondo y castigar a los culpables, caiga quien caiga”; “estamos trabajando en ello”; “Vamos a revisar todo, nada se va a esconder”. Ejemplo reciente lo tenemos en la situación de los mineros atrapados en Coahuila.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española retórica es el “Arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover.” Los griegos clásicos enseñaban retórica a los jóvenes, a “pensar argumentativamente” y a hablar con propiedad, con elegancia y con adecuados tonos de voz para poder persuadir. El filósofo romano Marco Tulio Cicerón, uno de los más grandes retóricos de la prosa en latín dispuso cinco cánones que regulan el proceso de producción de un mensaje basado en un argumento principal. Estos cánones son:

Inventio (Invención): Definir el contenido sustancial y seleccionar los argumentos adecuados para el tema, a fin de evitar los lugares comunes.

Dispositio (arreglo): Ordenar las ideas a partir de una fuerte frase inicial para captar la atención, exponer el argumento y recapitular con los puntos esenciales, para guiar a las audiencias hacia el fin esperado.

Elocutio (Estilo): Escoger palabras para formar frases adecuadas, claras y entendibles para las audiencias; es el estilo, y en ello se debe considerar la corrección gramatical (empleo de palabras correctas y adecuadas a la situación) y la fluidez en el hablar.

Memoria: Dominar la exposición para que el mensaje central quede en la mente de las audiencias.

Pronuntiato (Entrega): Transmitir con voz, cuerpo y alma. Comunicar con convicción y pasión, con un ritmo que ni confunda por la velocidad ni aburra por la lentitud.

El enfoque retórico ayuda a estructurar mensajes en términos positivos y proyectar empatía, preocupación, compromiso y seriedad con los afectados. Permite comunicar en forma clara y convincente, y anticipar qué es necesario decir durante y después de una crisis para responder de manera responsable y ética a las inquietudes de los públicos relacionados y los afectados.

Es evidente que muy pocos en la 4T están preparados para emitir mensajes retóricos, los que mucho les ayudaría especialmente en épocas en las que videos, audios e imágenes en las redes sociales dan testimonio de lo que expresan.

La comunicación retórica evitaría frases como “¿Usted confía en mí? Pues yo tampoco confío en ustedes”, como le sucedió recientemente a cierto Secretario de Gobernación, o: “Solicitar la renuncia de la coordinadora nacional de Protección Civil, eso ya es politiquería”, como expresó cierto funcionario insensible a la crisis.

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