Karla Mata Salgado/Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Juriquilla, UNAM y Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas, UAEM
Cuando nosotros vemos el mundo que nos rodea, no solo tomamos una foto con nuestras “cámaras”, los ojos, sino una serie de información sobre los objetos que percibimos se activan en nuestra corteza cerebral, como su ubicación, forma, textura, tamaño y, en el caso de objetos familiares, el nombre; además, también se adquiere inmediatamente información sobre la función del objeto.
Cuando envejecemos nuestras “cámaras” sufren cambios y pueden ser menos eficientes, pero la información que se encuentra en nuestro cerebro, y que se ha almacenado a lo largo de muchos años, no. Algunos neurocientíficos, es decir, las personas que estudian el cerebro consideran que la acumulación de experiencia sensorial que adquirimos a lo largo de la vida optimiza las estructuras y funciones de nuestro cerebro, lo que permite que podamos compensar las fallas de nuestra “cámara” con predicciones eficientes de cómo opera el mundo, es decir podemos anticipar lo que vamos a ver, por lo que posteriormente no necesitamos una imagen tan nítida para ser buenos interactuando con el mundo.
Recuerden, como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por diablo. La vejez es una etapa, a diferencia de las otras, en donde nos volvemos expertos en la vida, así que si tienen la fortuna de contar con una persona mayor en su familia no se pierdan la oportunidad de aprender de ella.