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4 de septiembre 2022

Lucas: 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.
¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo».

Reflexión

Exigencias para seguirle a Cristo

Padre Nicolás Schwizer

Instituto de los Padres de Schoenstatt

El hombre debe ser colaborador de Dios en su Reino. Ya en el bautismo recibimos la llamada personal de Dios, para participar en la redención del mundo y de los hombres. En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a entregarnos totalmente por su misión, de seguirle generosamente en su camino. El Señor formula tres exigencias para los que le quieren seguir:

1ª Exigencia: “Si alguien se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.”

A primera vista parece ser una exigencia un poco oscura. Porque Dios mismo nos puso en el corazón el amor natural a los padres, a los hijos, a los seres queridos. Y todos sabemos y experimentamos – de forma positiva o negativa – cuán decisivo es el ambiente de la familia natural en el éxito o fracaso de la vida humana.

Pero Jesús no se pronuncia contra este natural amor familiar. Pone en claro el criterio, cuando se trata de jerarquizar el amor y sus exigencias: Dios está por encima de todo. Las exigencias más nobles del amor humano pasan al segundo plano, cuando Cristo se hace presente con sus exigencias.

También cada uno de nosotros puede llegar, un día, a la situación de tener que renunciar a afectos familiares o amistosos, para poder obedecer a Dios, sin ninguna restricción.

No raras veces se encuentran ante este alternativa jóvenes que sienten vocación religiosa. Tienen que tomar sus decisiones – en contra de la voluntad de sus padres, en contra de la opinión de sus familiares.

2ª Exigencia: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”.

La disposición para sufrimiento y cruz en el camino del seguimiento, es otra exigencia del Señor. No debemos buscar el sufrimiento, pero tenemos que aceptarlo si nos es impuesto. Tenemos que abrazar la cruz, por amor a Jesús y a la voluntad de Dios-Padre.

Jesucristo mismo también se enfrentó con esta dolorosa realidad humana, que afecta a todos y desconcierta a muchos. Su vida es un continuo sacrificio, un diario camino de cruz. Permanentemente se enfrentó con el sufrimiento, lo santificó, lo sublimó y nos dejó el mensaje consolador de que la cruz tiene un sentido altamente redentor.

Tomemos, por eso, con fuerza y fidelidad nuestra cruz de cada día y sigámosle a Cristo. Ofrezcamos estos esfuerzos a Él y a la Virgen María.

3ª Exigencia: “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”.

Esta exigencia en realidad no es para todos los cristianos, sino sólo para aquellos que quieren entregarse enteramente y sin reservas al servicio del Señor: son aquellos que tienen vocación religiosa o de vida consagrada. Para los demás cristianos vale lo siguiente: tengo que renunciar a todo aquello que me impide o me dificulta ser un verdadero discípulo de Cristo.

Queridos hermanos, pidámosle entonces a la Virgen María nos dé fuerzas para seguirle fielmente a su Hijo, por todos los caminos que Él quiere llevarnos. Y que Ella sea la gran estrella en nuestro caminar, tras de las huellas del Señor.

MT

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