En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se había de predicar, a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados.
“Ustedes son testigos de esto. Ahora, yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto”.
Después, salió con ellos fuera de la ciudad hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo y, mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén llenos de gozo y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios.
Reflexión
Ascensión
Por P. Padre Nicolás Schwizer
Con toda la Iglesia, celebramos, hoy, la fiesta de la Ascensión del Señor, pero no creo que este acontecimiento fuese una fiesta para los apóstoles. Nadie se alegra de perder a su padre, a su madre o a un amigo y los apóstoles no gozaron con la desaparición de Jesús.
Sin embargo, existe una diferencia radical entre una desaparición y una partida. La partida da lugar a una ausencia, pero la desaparición inaugura una presencia oculta. Por la Ascensión, Cristo se hace invisible, pero, más que nunca, está cerca de cada uno de nosotros: “Sabed que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). El Señor está con nosotros y ya no nos abandonará jamás, pero ¿cómo está Cristo con nosotros, en nuestra tierra?
Sacramentos – La Eucaristía
La presencia más palpable de Cristo se da en los sacramentos, sobre todo, en la Eucaristía. El Señor actúa por medio del sacerdote, quien es su instrumento. En la confesión, Cristo perdona nuestros pecados mediante la absolución del sacerdote. En la Eucaristía, Jesús se hace visible bajo las formas de pan y vino. Podemos verlo, adorarlo, hablarle y recibirlo como alimento en la comunión.
La comunidad cristiana
Otra presencia oculta del Señor se realiza en la comunidad cristiana. Lo prometió el mismo Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí, estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Él está presente en esta celebración eucarística, pero no solo en pan y vino, sino también en esta comunidad que celebra sus misterios. Él está con cada grupo de oración, con cada familia que reza.
El corazón humano
Una tercera presencia oculta de Cristo se da en el corazón humano porque el corazón del cristiano es un templo de Cristo. Junto con el Padre y el Espíritu, Él está siempre conmigo, es mi compañero invisible pero fiel.
Esto significa que también está permanentemente con mis hermanos: también todos mis hermanos son santuarios vivos de Él y esto vale especialmente para los hermanos que sufren, los más necesitados, los más pequeños. Entonces, tengo que tratarlos como al Señor mismo: con amor, respeto y cariño. Entonces, tengo que ver a Cristo en cada uno de ellos a pesar de todos sus defectos y faltas.
Hermanos, me parece que la Ascensión del Señor que celebramos hoy nos quiere revelar algo más que su presencia invisible en medio de nosotros. Nos revela cómo se va a acabar nuestro destino, nuestra vida terrenal: nuestro final será una ascensión.
Algún día, nos encontraremos en el cielo, lo mismo que, ahora, estamos reunidos aquí. Nuestra presencia aquí en esta misa dominical no hace más que prefigurar, anunciar y preparar esa gran asamblea final en torno al Señor. Dentro de unos momentos, la vida nos dispersará, pero será solo algo transitorio hasta que llegue la hora de nuestra ascensión final.