La dismorfia corporal es una condición ante la cual las personas están en un constante estrés y ansiedad pensando repetitiva y nocivamente, si la imagen que dan es adecuada ya sea por lo que visten, su propio cuerpo, u otras características de cómo lucen físicamente.
Esta situación no permite a las personas desempeñarse correctamente ya que sus procesos cognitivos están ocupados en mayor parte por el pensamiento recurrente de su apariencia; el cerebro ejecuta sus procesos de manera secuencial, de tal forma que si la dismorfia dificulta el procesar otros estímulos que requieran la atención de la persona, esta podría desde perder el hilo de una conversación hasta llegar a desarrollar un trastorno alimenticio.
Con el auge de los sistemas de video conferencias, ya sea para la productividad o la dispersión, las personas han desarrollado más fácilmente dismorfia corporal ya que estuvieron expuestas más tiempo que nunca a su propia imagen: al ingresar a una reunión virtual y encender la cámara, el recuadro que pertenece a uno mismo mostraba el reflejo propio, que funciona como una retroalimentación constante de la imagen personal, promoviendo pensamientos como “mi cabello se desacomodó”, “mi ropa no combina”, “esta iluminación no me favorece”. Verse al espejo esporádicamente no causa mayor problema, pero cuando “el espejo” está ahí en todo momento, el cerebro es altamente susceptible a percibirlo como un estímulo, uno que resta atención sobre todo lo demás.
Afortunadamente esta situación se identificó oportunamente y las plataformas de video conferencias añadieron funciones que permiten bloquear la vista propia, sin privar de ésta a los demás asistentes, que es una forma más cercana a cómo las reuniones suceden físicamente: uno puede ver a los demás, pero difícilmente verse a sí mismo. De esta forma, con una función que podría parecer trivial, se adecuan las tecnologías para brindar nuevas formas de comunicación a las personas, pero sin comprometer la salud mental de sus usuarios.