El pasado 27 de diciembre, nuevamente el actual presidente de la República volvió a mencionar que, a finales del 2023, en México habrá un sistema de salud pública como el de Dinamarca, y que, además, podría ser mejor. Una promesa que hizo por primera vez poco después de tomar posesión del cargo, en enero de 2019.
El sistema de salud danés es un modelo de centros y hospitales públicos al que se destina cerca del 11% del PIB (En Canadá es poco más del 10% y en México es poco más del 4%). Los servicios son gratuitos, a excepción de la farmacia, pues los pacientes pagan los medicamentos hasta llegar a un nivel, a partir del cual empieza a decrecer el pago hasta llegar al punto en que son totalmente cubiertos por el estado. Lo interesante es que Healthcare Denmark publica las líneas de trabajo que respaldan la apuesta danesa por la digitalización de su sistema de salud para garantizar una mejor atención, un mejor tratamiento y una mejor experiencia del/ de la paciente.
Tener un sistema similar, aunque es deseable y posible, no es fácil y, si no se ha logrado en cuatro años, difícilmente se alcanzará en lo que resta del sexenio. Antes de la pandemia, se habían hecho en el mundo grandes progresos en la mejora de la salud de millones de personas y se lograron avances significativos en el aumento de la esperanza de vida. En estos avances ha tenido mucho que ver algo con lo que AMLO está peleado (entre muchas otras): la investigación científica y tecnológica.
Invertir en tecnología ha permitido en muchos países no sólo el desarrollo de instrumentos de prevención y atención a diversas enfermedades, sino el ejercicio de una medicina más personalizada. Se estima que en 2020 la inversión mundial en inteligencia artificial (IA) rondó los 68,000 millones de dólares americanos, de los cuales 42,200 millones procedían de inversionistas privados y para 2021 el mercado de la Inteligencia Artificial alcanzó los 383,300 millones de dólares de acuerdo con International Data Corporation (IDC).
Invertir en Inteligencia Artificial es algo que muchos países están haciendo, a pesar de que el desarrollo de esta tecnología es costoso. China ha entendido su importancia y la está tomando como estratégica, por lo que ha invertido más de 150,000 millones de dólares en su desarrollo, y Estados Unidos avanza en la aplicación de esta tecnología de forma indirecta a través de sus principales empresas, y se estima que, en conjunto, ya han invertido más de 55,000 millones de dólares desde 2015.
Uno de los retos que se pueden vencer con financiamiento y que es crítico para el éxito en la digitalización de la atención médica utilizando la IA y la telemedicina (atención médica a distancia), es contar con una infraestructura adecuada. No es cualquier cosa, por lo que la inversión inicial deberá establecerse, preferiblemente, en combinación con socios especialistas que permitan garantizar la compatibilidad en todos los sistemas y que reciban incentivos fiscales a su inversión. Lamentablemente, para este gobierno, prácticamente cualquier socio potencial es neoliberal y se mueve por el lucro.
Ojalá que uno de los propósitos de año nuevo del presidente de nuestro país fuera destinar mayor inversión en tecnología aplicada a la salud y no en obras cuyos costos y utilidad todavía son inciertos.