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29 de marzo 2023

Primera parte

Hablar de fibromialgia, sigue siendo aún con todos los avances en el conocimiento de ésta, un asunto por demás intrincado y difícil. Esto debido a que aún se carga el lastre del positivismo científico, sumamente limitado por el empleo de paradigmas reduccionistas y materialistas. Esto es, que el mundo científico no se termina de liberar de filosofías sofistas, para dar lugar a su plenitud en el ejercicio amplio de todas las disciplinas que integran a la Ciencia Médica y Biológica. Por lo que, para comprender la fibromialgia, y más aún abordarla como clínicos, sigue resultando un gran reto porque implica vencer las ataduras de los sesgos cognitivos que se aprendieron en la Educación Básica y se perpetúan a la Universidad. Poder enfrentarla, implica un genuino amor por el conocimiento y el ser humano que es un ente y no un grupo de órganos y tejidos inertes, simplemente animados por corrientes eléctricas.

La fibromialgia afecta entre un 2 a un 4% de la población mundial, se caracteriza por un grupo de síntomas (más que signos, por lo que es más difícil su aproximación) cuyo vértice es la disfunción principalmente de origen neuroendocrinológico, aún quedando en el limbo el papel del sistema inmune (sobre todo por la pobreza de nuestro conocimiento en su interrelación, más que la ausencia de involucramiento) .

Aunque actualmente la fibromialgia ya no se considera un diagnóstico “por descarte”, si es importante guardar prudencia a la hora de estudiar a una persona con dicha probabilidad. Especial énfasis he de poner en recordar que el 90% de cualquier diagnóstico está en la clínica,  es decir, en un interrogatorio preciso y bien encaminado (anamnesis) y la exploración física dirigida. El diagnóstico de fibromialgia, puede presentarse como una enfermedad primaria o bien asociarse a enfermedades autoinmunes como lo son la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la esclerosis sistémica, las vasculitis sistémica primarias, pero enfatizando el hecho de que la fibromialgia, NO ES UN FACTOR DE RIESGO para desarrollar ninguna de ellas, y padecer alguna enfermedad autoinmune, no necesariamente conducirá a fibromialgia, ya que la prevalencia es muy variable, pero puede ser tan alta como 32% en el caso de pacientes con lupus eritematoso sistémico.

Segunda parte

Es también importante destacar, que la fibromialgia presenta con frecuencia otras comorbilidades de disfunción fisiológica, desde la cefalea crónica (asociada a tensión muscular o bien la migraña sin aura), hasta los diversos síndromes intestinales funcionales (siendo el más frecuente el síndrome de intestino irritable, de acuerdo con los criterios de ROMA actualizados).  Por otro lado, equivocadamente se atribuye a la fibromialgia, como una consecuencia de depresión, cuando en realidad son entidades distintas, con modificaciones incluso ya bien definidas a través de Espectroscopia de infrarrojo cercano (fNIRS) pero es también común que en la fibromialgia coexista comorbilidad neuropsiquiátrica, situación que justamente ha llevado a sesgos cognitivos frecuentes a la hora de considerar el diagnóstico y el tratamiento integral, incluso por parte de los médicos. Hablando de ello, los expertos en el diagnóstico y tratamiento de esta entidad, somos los reumatólogos, pero muchas veces se requiere, por obviedad de las múltiples posibles alteraciones, de un abordaje multidisciplinario, donde en varios casos la especialidad de Neurología, Medicina Física y Rehabilitación y Psiquiatría, principalmente, han de ser parte del equipo multidisciplinario.

La fibromialgia es una entidad compleja, que requiere un entendimiento complejo e integral del funcionamiento apasionante e intrincado del sistema nervioso central y los distintos receptores periféricos, para así poder discernir y aplicar el conocimiento científico actualmente disponible. Ya hay un mar de evidencia que ha demostrado la presencia de diversas alteraciones en el líquido cefalorraquídeo de pacientes afectadas (la gran mayoría son mujeres), por ejemplo, la sobreexpresión del NGF,  así como en ciertos subgrupos, con formas especialmente incapacitantes por el grado de dolor que producen, alteraciones puntuales en receptores de los canales de sodio (Na+) dependientes de voltaje, especialmente (aunque no limitado a) el  Nav 1.7  y Nav 1.8.  También se han demostrado diferencias significativas en el grosor de las fibras amielínicas de los nervios corneales.

En conclusión, la fibromialgia es una entidad nosológica compleja, que implica un intrincado grupo de alteraciones funcionales, destacando principalmente la presencia de un dolor crónico generalizado, que suele afectar importantemente la calidad de vida, en ausencia de tratamiento y que requiere de un abordaje holístico para su correcto diagnóstico y terapia, siendo la o el especialista en Reumatología, quien orqueste dichos procesos de atención a la persona que lo padece.

Dr Juan Carlos Arana Ruiz:

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