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30 de mayo 2023

Mario Maraboto

Es evidente que el actual presidente de la República está llevando a México a un retroceso en todos sentidos, y en mucho recuerda al presidente Luis Echeverría Álvarez (LEA), en cuya presidencia inició su carrera política. ¿Por qué este recuerdo?

En 1974, en el tercer año del gobierno echeverrista, Daniel Cosío Villegas (economista, historiador, sociólogo, politólogo, ensayista y académico) escribió “El Estilo Personal de Gobernar” en el que analiza y describe a LEA. En su introducción asevera: “puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente”.

Comenta Cosío que Echeverría “Con una sorprendente locuacidad habla de todos los problemas nacionales, los habidos y por haber”. La RAE define como locuaz “Que habla mucho o demasiado“. La persona locuaz no tiene medida métrica de lo que expresa, ya que su interés es mantener la atención de la audiencia sin importar la calidad en la oratoria o la coherencia del contenido. Tanto en LEA como en AMLO se dan tales características con la diferencia de que aquél sí hablaba de corrido.

Más adelante comenta que “Echeverría empezó a minar el poder de Díaz Ordaz desde la iniciación de su campaña…”. Similar hizo AMLO, aunque esperó hasta ser nombrado presidente electo para empezar a minar al presidente saliente, inclusive tomando decisiones como la de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Cosío también refiere que LEA “hablaba una y otra vez de la necesidad de un cambio, pero sin definir tampoco cuál era o podía ser. Por eso cabe decir que el gobierno de Echeverría se inició bajo los auspicios de una típica comedia de equivocaciones«.  AMLO sigue hablando de un cambio al que denomina “transformación”, pero al igual que LEA, nunca ha dicho cuál es la meta ni el cómo de acabar con la impunidad y la corrupción -que a cuatro años de “gobierno” se han incrementado-, mismo lapso en que se ha cometido una maraña de equivocaciones que sólo han perjudicado al país. “Estos mexicanos no sabían siquiera con vaguedad qué cambios debieran producirse, cuándo, por quiénes, con qué métodos y mucho menos los beneficios que legítimamente podían y debían esperarse de ellos”, escribe el historiador, como presagiando nuestro presente.

Ya ni qué decir del “torrente de declaraciones, improvisadas, muchas incompletas, vagas y aun contradictorias”, de “un hombre muy pagado de sí mismo, de sus ideas y de sus propósitos que cree saberlo todo y, por lo tanto, serle innecesario consultar o siquiera meditar él mismo.” A quién se refiere: ¿a LEA o a AMLO?

Al final de su libro, Cosío afirma que “su inclinación irrefrenable a predicar, lo cierran para el diálogo” y que “…está convencido de que, quizás como ninguno otro presidente revolucionario, se desvive literalmente por hacer el bien a México y los mexicanos. De ahí salta a creer que quien critica sus procedimientos, en realidad duda o niega la bondad y la limpieza de sus intenciones«. Repito la pregunta: ¿Se refiere a LEA o a AMLO?

Cuando se acercaba la sucesión presidencial, en 1975 el “tapado” favorito era el Secretario de Gobernación Mario Moya Palencia y se daba por sentado que él sería el candidato por sobre El Secretario de la Presidencia (Hugo Cervantes) y el menos probable Secretario de Hacienda (José López Portillo). Cuando todo estaba preparado para destapar a Moya, el 22 de septiembre el eterno líder de la CTM, Fidel Velázquez, destapó a López Portillo, gran amigo y casi hermano de LEA.

¿Será que sigan las coincidencias y que la hasta ahora “corcholata” favorita sería sustituida por el “hermano” y paisano de AMLO? Yo apostaría que sí.

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