A partir de las elecciones de hace una semana en los estados de México y Coahuila, y tras la asamblea del movimiento creado y presidido por AMLO desde Palacio Nacional para establecer las reglas de elección de su candidato el pasado domingo, se formalizó el inicio del ciclo electoral para 2024. Por su parte, la oposición sigue pensando cómo se va a organizar.
A partir de ahora empezará a circular mucha información política en la que, seguramente, unos y otros buscarán debilitar a sus opositores apoyados por la propaganda partidista, factor en la que lleva ventaja el partido en el poder. Serán varios meses en los que los ciudadanos empezaremos a aturdirnos y, con ello, a confundirnos.
En este punto del proceso, me parece interesante reflexionar sobre la propaganda, por los efectos que puede tener en la mente de distintas capas de la sociedad, especialmente las menos informadas.
En términos de comunicación, la propaganda busca convencer sobre la bondad o beneficios, reales o supuestos, de una idea, situación, persona u objeto, para generar una actitud comunitaria a través de mensajes que pueden no ser ciertos o presentar solamente la parte más conveniente acorde a los intereses del candidato o del partido respectivo.
Así lo hacía Joseph Goebbels, ministro de Propaganda e Ilustración Popular de Adolfo Hitler, quien divinizó al führer, promovió el odio a lo extranjero, al capitalismo, al comunismo, al sionismo y al judaísmo, y controló la literatura, la prensa, el teatro, la radio, las bellas artes y el cine para adoctrinar al pueblo. De igual forma, durante su campaña por la presidencia en 2018, AMLO convenció a una mayoría de la necesidad de una transformación que terminara con la corrupción y la violencia.
En el terreno comercial, el pionero de las Relaciones Públicas, Edward L. Bernays, para ayudar a incrementar las ventas de cigarros para su cliente, en 1929, organizó en Manhattan una manifestación denominada “Desfile de la Antorcha de la Libertad”, para convencer que, cada vez que prendían un cigarro, las mujeres estaban encendiendo la antorcha de su liberación; en menos de un año, el consumo de cigarros se multiplicó por cuatro por parte del género femenino.
A menudo la propaganda logra sus objetivos presentando relaciones ilógicas como: una joven atravesando un muro en un segundo piso para caer bailando en la banqueta, o una señora que, para anunciar un detergente, saca de la lavadora un camisa recién lavada completamente seca; o en la política, presentando una realidad alternativa a partir de “otros datos” o con lemas de significado ambiguo y en ocasiones hasta contradictorio con la persona o con la realidad, por ejemplo: “Arriba y adelante”, “la solución somos todos”, “renovación moral de la sociedad”, “México para los mexicanos”, “bienestar para la familia”, “El voto del cambio”, “El presidente del empleo”, “por el bien de todos, primero los pobres”.
Cuando empiecen a surgir los lemas de campaña será importante investigar si cada lema corresponde a una realidad o a una relación ilógica, es decir, si el candidato presenta argumentos reales con objetivos medibles y alcanzables. En los tiempos y las circunstancias actuales sería muy bueno tener mayor información sobre lo que da soporte a la propaganda de cada aspirante a un puesto de elección popular para evitar que al final nos digan: “mi plan era excelente, pero me falló la realidad”, o peor, como está sucediendo actualmente: “si la realidad es diferente, peor para la realidad”, como alguien expresó.
El país está necesitado de credibilidad para generar confianza.