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11 de julio 2023

Mario Maraboto

El pasado jueves, durante su show mañanero, en respuesta a una pregunta sobre el tema de seguridad y violencia, AMLO dijo “en la mitad de los estados ayer no hubo homicidio”.

Es absurdo pensar que debemos alegrarnos porque en un día no hubo homicidios en la mitad del país, cuando podemos deducir que en la otra mitad si hubo no uno sino varios homicidios y que nada garantiza que en donde hoy no hubo, mañana sí habrá.

Dijo el jueves que aun cuando un día no hubo homicidios, la percepción puede ser otra por el amarillismo en los medios: “Hay veces que no hay homicidios, pero de repente hay uno y se vuelve mediático, lo aprovechan, ¿no? La sensación que se tiene es de que hay mucha violencia”. En julio del año pasado ya había expresado que “Una cosa es la realidad y otra la percepción” en materia de seguridad. Cuestión de enfoques.

Se dice que percepción es realidad, pero ¿Qué es percepción y qué es realidad? Según la RAE, percepción es “Sensación interior que resulta de una impresión material producida en los sentidos corporales”, y realidad es: “Verdad, lo que ocurre verdaderamente”. La primera ocurre totalmente en la mente, por lo que cualquier creencia puede convertirse en realidad; pero la realidad existe completamente fuera de la mente y, aunque no puede manipularse fácilmente, es posible hacerlo para distorsionar la percepción.

Dicen los psicólogos que la percepción puede volverse la realidad en una persona por la forma en que cada quién percibe la realidad, y que una desconexión sustancial entre la percepción y la realidad puede llevar a la gente a una completa discapacidad para funcionar.  En la mente de millones de mexicanos la percepción es que realmente la violencia no ha disminuido, aunque en la mente del gobernante, basado en datos reales, la percepción es que la violencia ha disminuido; esta percepción es algo que seguramente ha contribuido a su discapacidad para funcionar adecuadamente en torno a la violencia, lo que evidencian algunas frases que ha expresado y reiterado.

Por ejemplo: “… pero también cuidamos a los integrantes de las bandas”; “Lo mejor es que los liberen, sino los voy a acusar con sus papás y con sus abuelos”, “No nos hemos quedado cruzados de brazos frente a la violencia”, o “Cuando dije ‘abrazos, no balazos’ se rieron y todavía lo siguen haciendo. No me importa, porque nuestra estrategia nos está dando resultados sin violar derechos humanos”.

Datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI correspondientes al primer trimestre de este año dejan ver que el 62.1% de la ´población de 18 años y más considera que es inseguro vivir en su ciudad. Aun cuando el dato representa una disminución de 2 puntos con respecto a diciembre de 2022, el hecho de que diariamente se reporte un promedio de 77 homicidios diarios, el más alto de los últimos tres sexenios sin considerar los cerca de 60 desparecidos diarios que por el tiempo se presumen muertos, logra que la percepción supere a la realidad.

Tiene razón AMLO: en materia de seguridad no es lo mismo percepción que realidad; su problema es que la primera tiene un mayor peso social que la segunda. Presentar estadísticas que siguen mostrando la alta inseguridad es un esfuerzo que se opaca ante las evidencias que diariamente se presentan en los medios de comunicación y que alientan la percepción de inseguridad.

Por cierto: hace poco más de un año, en su show del 15 de junio de 2022, AMLO expresó: “la mitad de los estados no tienen un problema de violencia que se refleje en homicidios…” ¿serán los mismos que mencionó el pasado jueves? Hubiera sido bueno que nos dijera cuáles son esos estados sin homicidios, en ambos casos.

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