Hace cerca de 30 años, un candidato a la presidencia de la República ´pronunció un discurso que en la actualidad sigue teniendo vigencia y es evidencia de que México no ha cambiado y de que, para realizar los sueños, es necesita más que el deseo y afrontar intereses que pueden verse afectados.
La candidatura de Luis Donaldo Colosio, estuvo enmarcada por un entorno de violencia (con dos Notables homicidios, entre otros) y de incertidumbre derivada de que las encuestas no le eran favorables; además su campaña carecía de financiamiento y tuvo problemas para lograr cobertura mediática.
Por eso relanzó su campaña con su conocido discurso en el que reconoció, entre otras situaciones, abandono a los campesinos, desempleo, bajos salarios, jóvenes sin oportunidades educativas y laborales muchas veces orillados a la delincuencia, con hambre y sed de justicia, “ciudadanos angustiados por la inseguridad” y “mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.
Pero también reconoció que en el país hay “jóvenes que, cuando cuentan con los apoyos… participan con su energía de manera decisiva en el progreso de la Nación”, “mujeres con una gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, política y social” y “un México que exige soluciones”. Igualmente se comprometió a “luchar contra la desigualdad y evitar crear nuevos privilegios de grupo o de región” y a “cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad”. (¿les suena familiar el discurso?)
Recientemente la precandidata Xóchitl Gálvez ha escrito en su cuenta de X (antes Twitter) algunos de sus pensamientos similares a los de Colosio, por ejemplo: “Sueño con un México que desde el gobierno promueva una sociedad que mejore, que crezca, que aspire a un mejor futuro…”, “Imagino un México en el que todos los niños y jóvenes puedan estudiar para salir adelante”, “Imagina un hospital donde no tengas que hacer esas largas colas, que te puedan atender como mereces y que tenga las medicinas que necesitas.”
Por su parte, la otra precandidata, Claudia Sheinbaum, en la misma red social durante el mismo lapso, sólo ha publicado las actividades de sus giras por diferentes estados, mostrando el poder de acarreo, perdón, de “convocatoria”, y reforzando mensajes ya conocidos como. “no somos lo mismo”, “cuatro años de transformación”, “humanismo mexicano”, “llevaremos la transformación a todo el país”, y ha presumido sus logros como jefa de gobierno. Hasta ahora su único sueño manifiesto es dar becas a todos los niños de primaria.
Ambas candidatas han hablado de su historia personal, una continuamente y la otra en un documental que salió a la luz la semana pasada. Colosio, en aquel discurso reiteró “provenir de una cultura del esfuerzo y no del privilegio”. Xóchitl, similar a Colosio, ha enfatizado algo similar recordando que de vender gelatinas para salir adelante y sufrir violencia intrafamiliar llegó hasta donde está ahora. Claudia en su documental muestra su niñez más privilegiada tocando un ukelele, bailando y recordando sus logros profesionales y como Jefa de Gobierno.
De marzo de 1994 a la fecha poco se ha mejorado y mucho se ha deteriorado o definitivamente perdido y, mientras una sueña con cambiar a México para bien, la otra busca dar continuidad a los criterios de los último cinco años. Creo que el país requiere la unidad y la concordia, con respeto a las instituciones y a la cultura de la legalidad para hacer realidad aquella esperanzadora frase: “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, lo que hasta ahora no ha sucedido.