En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca y, al que da fruto, lo poda para que dé más fruto.
“Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho.
“Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante porque, sin mí, nada puede hacer. Al que no permanece en mí, se le echa afuera como el sarmiento y se seca; luego, lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten, así, como discípulos míos”.
Reflexión
La vid y los sarmientos
Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstat
El Evangelio de hoy se ubica dentro del discurso de despedida de Jesús tal como lo trasmite San Juan. Son las últimas enseñanzas del Señor, algo así como su testamento personal, antes de entregarse a los judíos. En este ambiente solemne y dramático, les presenta la parábola de la vid y de los sarmientos.
El tema no puede ser más bíblico. La viña era uno de los cultivos preferidos en Palestina. Era lógico que se tomara la imagen de la viña para dibujar, por medio de ella, la historia del pueblo. La viña era Israel, Dios era su viñador. Profetas y salmistas contaron la aventura de este viñedo cultivado por Yahvé.
También Jesús recurre varias veces a los viñedos para sus parábolas. Pero, esta vez, le da su sentido pleno: Jesús es la vid, la verdadera vid, los que creen en Él son los sarmientos y el Padre es el viñador de esta gran cepa.
Con ello, la imagen del Antiguo Testamento ha crecido en anchura y en profundidad. Ahora, simboliza al gran árbol de la humanidad entera: su ramaje no son ya solo los judíos, sino todos los que aceptan ser hijos de Dios.
¿Qué quiere enseñarnos el Señor con esta parábola de la vid? Me parece que quiere decirnos lo siguiente:
La Iglesia es, como la vid, un organismo vivo.
La fuente de vida de la Iglesia es Jesucristo.
Solo en unión íntima con Cristo, podremos ser fecundos.
La Iglesia es, como la vid, un organismo vivo: la Iglesia no es una organización jurídica o social. Como la vid, ella es un organismo vivo, es el Cuerpo de Cristo, una comunidad y una corriente de vida. Para formar parte viva de esta vid del Señor, no es suficiente haber sido bautizados y estar inscritos en la lista de miembros. Formamos parte de esta vid en la medida en que estamos unidos vitalmente a ella, en la medida en que compartimos su vida íntima.
La fuente de vida de la Iglesia es Jesucristo: la rama, por sí sola, no es nada, lo es todo por la savia que recibe del tronco al que está adherida. Así, también cada discípulo, de por sí, no es nada; pero, unido a Cristo, lo es todo. Este es el secreto de la vitalidad de la Iglesia y de las comunidades cristianas.
Solo en la unión íntima con Cristo podremos ser fecundos: los sarmientos producen fruto porque están unidos al tronco y se alimentan de su savia. El único camino para que nosotros podamos producir fruto y vida es, por eso, la unión íntima y personal con Cristo. El sarmiento que se separa del tronco se seca y se lo echa al fuego porque no sirve ya para otra cosa y, para que podamos dar más fruto, el Padre nos va podando, nos purifica de nuestro egoísmo y de todo aquello que nos impide dar fruto en abundancia.