Actualmente identificamos con mayor facilidad que lo que sucede en cualquier país tiene efectos globales. El comercio internacional así como los cierres de fronteras han implicado aumentos de precios y distintos flujos de turismo. Las decisiones de países en cambiar sus modelos económicos también provocan efectos. Los gobernantes de cualquier país deben su puesto a beneficiar a sus gobernados, pero ¿será posible beneficiar a unos habitantes del planeta sin ver los efectos globales?
En el medio ambiente podemos observar que no existen fronteras. Por ejemplo, la contaminación de aire, agua o basura provoca daños a todo el planeta. El cambio climático está cambiando la vocación agrícola de muchos países y el clima se cuela por las fronteras. Entonces ¿por qué observamos estas divisiones sin importarnos los problemas globales? La situación es muy similar a la encomienda que vivimos en México en siglo XVI.
Las encomiendas eran “repartimiento de indios y tierras …” que la Corona Española otorgaba por dos o cuatro generaciones para evangelizar a cambio de explotar sus recursos incluyendo a los pobladores. Muchos historiadores y economistas han mostrado como la hacienda que otorgó la propiedad, incentivo al cuidado de las tierras y personas. ¿Cree Usted que la mayoría de países cuida sus territorios y gente o los explota como las encomiendas del siglo XVI?