El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador firmó el decreto para la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la reforma constitucional al Poder Judicial, eligió el 15 de septiembre, fecha emblemática en la historia del país para anunciar el decreto. Como testigo, lo acompañó la presidenta electa Claudia Sheinbaum Pardo lo que envía un mensaje a la 4T de que el haber apurado la reforma formó parte, en todo momento, del proceso de transformación de López Obrador. Si funciona o no, eso ya lo veremos más adelante. La sucesión presidencial, al menos para quienes simpatizan con la 4T, parece que no será un elemento que interrumpa la ruta que inició López Obrador.
LO MALO
Claudia Sheinbaum no ha reconocido que el país sigue polarizado, dividido, que en cada acción y decisión del Gobierno y del partido en el poder, el pueblo mexicano se separa en dos bandos. La popularidad del presidente no puede ser sinónimo de bienestar social, la efectividad de los programas sociales no puede ser sinónimo de crecimiento y estabilidad económica, la realidad ha superado el discurso del presidente desde hace muchos meses, la retórica de Sheinbaum no debe ser la misma sino una apegada a la solución y el reconocimiento de los pendientes y rezagos del país. Lo malo, la 4T no busca aliados, prefiere reducir a la oposición y así no se avanza.
LO PEOR
La seguridad ha sido uno de los graves rezagos de la 4T. La situación de inestabilidad social en muchos estados afecta al resto del país. Querétaro no puede quedarse satisfecho con comparaciones con entidades que están en crisis, pero tiene casos de éxito que han sido replicados en otros estados. La sucesión presidencial debe ser el momento para voltear a ver las cosas que sí funcionan en otras entidades y aplicarlas a su política social, de gobierno, de seguridad. No verlas será replicar los errores.