El sexenio que recién terminó, como fundamento para destacar en la administración pública, sembró los valores de la amistad y la lealtad, en menosprecio a la capacidad, el conocimiento y el profesionalismo.
Ese desdén, base de su movimiento de transformación, se reflejó en la desobediencia a mandatos judiciales en franca burla a la legalidad con aquello de que “no me vengan con que la Ley es la Ley” y en el descarado pronunciamiento de “tener servidores públicos con 90% de honestidad y solo 10% de experiencia”. Con ese criterio designó a varios funcionarios que evidenciaban inexperiencia, como fue el caso de la señora Piedra en la CNDH, y calificaba de “aspiracionistas” y conservadores a quienes estudiaban en universidades extranjeras.
Las recientes decisiones de gobierno que se han tomado, avaladas por el Poder Legislativo, parecen obedecer, más que a la voluntad de la nueva presidenta, al criterio del EXpresidente quien da la impresión, desde donde se esconda, de seguir influyendo entre los legisladores que escogió para defender su proyecto.
Por eso no es raro que el senado haya ratificado a la señora Piedra, la peor evaluada, en la CNDH. (Decía un querido amigo que si a los santos los santifican, a las ratas las ratifican). Tampoco extraña que se corran a integrantes del Poder Judicial, que en su mayoría hicieron carrera dentro de dicha instancia acumulando experiencia y conocimientos, para que “el pueblo sabio” (el pueblo de Morena) elija a nuevos miembros que, sin menospreciar su formación académica, carecen de experiencia y presumiblemente, estarán supeditados a la voluntad de los otros dos poderes.
El desprecio a la formación profesional también se da con la desaparición de los órganos autónomos, en donde la experiencia, aunada al conocimiento, es fundamental para las decisiones que se toman para la implementación de regulaciones y defensa de los derechos de los ciudadanos en temas como la libre competencia en, por ejemplo, las telecomunicaciones y la radiodifusión. En todos los casos, se harán menos los conocimientos altamente especializados en disciplinas tecnológicas, económicas y jurídicas.
La presidenta Sheinbaum ha sido privilegiada al realizar estudios profesionales dentro y fuera del país y seguramente es consciente de lo importante de la formación académica y de la acumulación de experiencia. El problema es que pesa más la ideología que el conocimiento y la experiencia y por ello, como especialista en medio ambiente, no objetó la parcial destrucción de la selva maya para construir un tren. Así, no es de extrañar que apoye las ideas emanadas del movimiento político y permita privilegiar la lealtad por sobre la capacidad y la experiencia. Por eso, quizás, tampoco hubo representante alguno del Gobierno Federal en la inauguración de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.
¿Estará la presidenta Sheinbaum dispuesta a enfrentar el fracaso de su gestión como la primera mujer en llegar a gobernar el país, al permitir que se desdeñe la educación y la formación profesional de la que ella misma fue beneficiaria?