El objetivo del alcalde capitalino ‘Felifer’ Macías es claro, poner orden en las calles de la ciudad a toda costa. La resistencia más fuerte que ha encontrado es con el comercio ambulante, particularmente con un grupo de comerciantes que insiste en mantener su presencia en las calles del primer cuadro de la ciudad, sin embargo, el edil ha encontrado un respaldo en la administración estatal quien ha participado junto a la autoridad capitalina en la aplicación de operativos y diálogo con los inconformes. El objetivo es claro, lo bueno es que la autoridad no se ha dejado vencer por la presión de unos cuantos que no quieren apegarse a la normatividad.
LO MALO
El ejercicio público tiene límites muy claros que la misma ley define. Aquí es donde la autoridad capitalina tiene un área de oportunidad: debe obligar a sus servidores públicos a que se apeguen a la ley, a predicar con el ejemplo, a servir y solucionar. Por décadas, el papel de los inspectores municipales ha sido comparado con el de sujetos que arbitrariamente agreden y quitan mercancía a presuntos infractores. Si hay que poner el orden, hay que hacerlo con el ejemplo, inspectores y policías no pueden superar sus facultades ni actuar con alevosía, bajo ningún motivo está justificado el uso excesivo de la fuerza en contra de civiles.
LO PEOR
Ante la incapacidad de algunos funcionarios para resolver conflictos, los opositores han encontrado en las quejas e inconformidades de algunos ciudadanos, un caldo de cultivo para ejercer presión política en contra del Gobierno en turno. Lo peor es que el equipo del alcalde parece que no sabe cómo atender este problema y termina enfrentándose a esos actores políticos. Además, con la reciente divulgación de los posibles conflictos de intereses de varios de sus colaboradores, el alcalde debe hacer los ajustes necesarios para, como se expuso anteriormente, predicar con el ejemplo y poner orden desde arriba.