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10 de diciembre 2024

Mario Maraboto

En agosto de 2023, antes del inicio formal del proceso electoral, el ahora EXpresidente (con mayúscula para que no se les olvide) expresó: “el pueblo de México dijo ‘basta’ a la corrupción, no va a poner regresar por sus fueros la mafia del poder”.

La mafia es una organización que dedica su actividad, entre otras cosas, al control de negocios ilegales, y actúa basándose en unos intereses económicos que superan las leyes. La mafia nació en Sicilia, Italia, como una confederación dedicada a la protección y el ejercicio autónomo de la ley (la Ley soy yo) y, más adelante, al crimen organizado. Según el historiador francés Paul Veyne (1930-2022), especialista en Roma Antigua, el Imperio romano tenía la estructura de una gran mafia, en la cual no existían restricciones para la ley del más fuerte y sólo el clientelismo permitía la supervivencia de los débiles, pobres o pequeños.

En la antigua Roma, dice Veyne, el fraude, la estafa, el robo y la violencia, incluyendo las violaciones, no eran considerados delitos penales y la conducta delictiva se revelaba como la única manera de obtener privilegios en una sociedad que los reservaba sólo para los ricos aliados de las autoridades políticas.

Hasta hace poco, el partido en el poder en México era dominante dentro de un juego aparentemente democrático y no se inquietaba por mafia alguna, pero desde hace pocos años México tiene un partido en el que, sin perder la apariencia de democracia, su líder, preocupado por las mafias, opera con la ley del más fuerte y por encima de la Constitución al grito de “no me vengan con que la ley es la ley” y, en consecuencia, inició la destrucción del Poder Judicial.

En este contexto, cabe preguntar ¿A qué mafia del poder se refería el EX?

¿A la autoritaria de hace 50 años o a la que hoy hace negocios turbios y oculta información? ¿A la que en las elecciones “embarazaba” urnas, o a la que extorsiona a vendedores para conseguir los votos? ¿A la que permitía la intervención del crimen organizado en algunos asuntos de gobierno o a la que descaradamente lo abraza y de alguna forma lo protege? ¿A la que cambiaba a un funcionario o gobernador cuando era descubierto en algún ilícito que afectaba la imagen presidencial y lo hundía en el olvido o en una embajada, o a la que, a pesar de las evidencias de ineficacia o corrupción premia a sus funcionarios con nuevos cargos o gubernaturas? ¿A la que mantenía a sus hijos lejos del poder, a la que con el “orgullo de su nepotismo” le daba cargos públicos o a la que, si ningún cargo, les daba a sus hijos y familiares carta blanca para hacer negocios con obras gubernamentales?

Evidentemente el EX no acabó con la “mafia del poder” tan parecida a la del imperio romano o a la de Sicilia, ni parece que la nueva presidenta siquiera lo intentará porque, como expresa Edgardo Buscaglia, investigador de la Universidad de Columbia y estudioso del crimen organizado, “México tiene una delincuencia organizada de Estado.  México es una mafiocracia consumada y madura.”

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