Logo Al Dialogo
17 de diciembre 2024

Mario Maraboto

“Hay dos caminos este 2 de junio… que siga la corrup… la transformación”, dijo la entonces candidata Claudia Sheinbaum durante un mitin en el Zócalo el 1 de marzo de este año. Años atrás, otro candidato dijo que acabaría con la corrupción “como se barren las escaleras: de arriba para abajo”.

Es evidente que ni se barrieron las escaleras y que la ahora presidenta predijo el futuro con su desliz. La corrupción es un mal que no sólo no se ha eliminado, sino que se ha incrementado y, prácticamente, se ha institucionalizado.

Si se recurre a la memoria histórica, se tiene un fundamento para creer que, en los recientes casos de corrupción, como la casa gris, los contratos de balasto, los sobrecostos de obra pública reservados “por seguridad nacional”, los contratos de la prima, Segalmex y un largo etcétera, al igual que en los del pasado, nada positivo sucederá para la sociedad.

La memoria nos recuerda a algunos ahora exgobernadores como Arturo Montiel (Edomex) a quien le descubrieron depósitos por más de 35 millones de pesos a distintas cuentas a nombre de su hijo, además de varias casas en sitios turísticos y un lujoso departamento en París; Humberto Moreira (Coah) a quien le encontraron documentos falsos que incrementaron la deuda pública de su estado a más de 34,000 millones de pesos; Narciso Agúndez Montaño (BCS) acusado de peculado por la venta de predios del gobierno en un exclusivo fraccionamiento en Los Cabos; Tomás Yarrington (Tamps), acusado de lavado dinero para Los Zetas y el Cártel del Golfo.

Como esos, muchos casos más como: Díaz Serrano, acusado de fraude por 35 millones de dólares como Director de Pemex; Pablo Salazar Mendiguchía, ex gobernador chiapaneco acusado de homicidio, defraudación y operaciones con recursos de procedencia ilícita; Elba Esther Gordillo, ex líder magisterial, detenida por lavado de dinero y delincuencia organizada. Ninguno de ellos estuvo en prisión más de 5 años a pesar de las evidencias de corrupción.

Prácticamente todos los presidentes de México desde mediados del siglo pasado han ofrecido acabar con la corrupción, los conflictos de interés y operar con transparencia, pero no lo lograron. La nueva presidenta también lo ha dicho, pero premiar y reconocer a individuos calificados de corruptos y deshonestos que incluso llegan al puesto con un grillete electrónico, no investigar la corrupción del pasado reciente, o minimizar las denuncias públicas por corrupción hechas por los líderes morenistas en el Congreso exhortándolos a la discreción porque “no necesitan que sea una un asunto público”, virtualmente la convierten en cómplice de la corrupción, tema que conoce gracias a su ex esposo. Quizá su expresión de campaña no fue un desliz sino una traición del subconsciente.

En la historia hemos visto desde los autos de lujo de López Mateos hasta la casa blanca, la gris o la de Boca del Río, pasando por la Colina del Perro, el Partenón de Zihuatanejo y otras riquezas producto de la corrupción que han quedado impunes. Como en el pasado, la nueva corrupción quedará en la impunidad, y la vida en México seguirá como si nada, lamentablemente.

Logo Al Dialogo
CREAMOS Y DISTRIBUIMOS
CONTENIDO DE VALOR
DOMICILIO
Avenida Constituyentes 109, int.11, colonia Carretas.
C.P.76050. Santiago de Querétaro, Querétaro.
AD Comunicaciones S de RL de CV
REDES SOCIALES
Logo Al Dialogo
© 2024 AD Comunicaciones / Todos los derechos reservados