En la página internet www.wildfirela.org/history/ se observa que desde principios del siglo pasado han ocurrido graves incendios en diversos años. Hay una tendencia creciente en las últimas décadas pero algunos datos son claves para comprender el riesgo que viven en esta área de nuestro vecino del norte pero que es muy parecido a lo que podemos vivir en México en muchas ciudades.
Por un lado, el crecimiento poblacional demanda más agua para las zonas agrícolas cercanas, las viviendas, jardines y para uso recreacional. Las montañas ahora lucen con casas o mansiones y la capa vegetal que cubre el resto del suelo arbolado, no se observa a simple vista, pero es menor. Esto implica una menor absorción de agua, humedad y con ello menor protección ante cualquier chispa. Es decir, un incendio puede crecer más rápido y dispersarse más fácilmente.
La agricultura intensiva deja el suelo expuesto por grandes periodos provocando más sequía y afectación a la capa vegetal que nutre y conserva humedad. Algunos cultivos como la vid, ha requerido traer agua de más lejos por su alto consumo. El cambio climático está ligado a nuestra forma de producir, consumir y generar basura. Se requieren cambios de timón y no solo medidas superficiales. Los datos lo indican. ¿Usted qué opina?