En octubre de 2018, cuando ya se planeaba la habilitación del aeropuerto militar de Santa Lucía como aeropuerto civil, uno de los empresarios cercanos al ahora EXpresidente, José María Riobóo, expresó: “Hoy en día, con la tecnología que hay, con los radares vía satélite, los aviones no pueden chocar, automáticamente se repelen…”
Afortunadamente no lo hemos experimentado en el país, pero las colisiones de aviones, aunque son raras, pueden ocurrir en el aire o en tierra, ya sea por fallas en la comunicación, errores humanos o problemas técnicos.
A pesar de los sofisticados sistemas actuales de tráfico aéreo, “si algo puede salir mal, saldrá mal”, como dice la Ley de Murphy. Así sucedió la semana pasada en Washington DC cuando un helicóptero militar se estrelló contra un avión, o la ambulancia aérea que al día siguiente se estrelló en Filadelfia. Aunque aún no se sabe la causa probable de estos accidentes, se presume que, en el primer caso hubo una falla en la comunicación entre el piloto del helicóptero y la torre de control y, en el segundo, se especula sobre las condiciones climáticas o el cumplimiento de protocolos internacionales.
El primer gran choque de aviones ocurrió en el espacio aéreo de Ankara, Turquía, en 1963, cuando un avión de Middle East Airlines en ruta de descenso se estrelló contra un avión de la fuerza armada turca. Entre muchos otros accidentes, en 2024 dos avionetas colisionaron en el aire cerca de Los Ángeles, Estados Unidos; y en agosto de 1986, sobre la comunidad de Cerritos, California, una avioneta colisionó contra un avión DC9 de Aeroméxico.
Sin embargo, también ha habido serios percances en tierra. Es tristemente recordado el choque de dos Jumbo jets en Tenerife España, con 583 muertos, lo mismo que el peor accidente ocurrido en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México el 31 de octubre de 1979, en que un DC10 de Western Airlines se estrelló dentro de dicho aeropuerto, ambos originados por errores o malinterpretación de la comunicación entre pilotos y torre de control.
De forma similar, el accidente en que murió el entonces Secretario de Gobernación en 2008 fue originado por una falla técnica que metió al avión en una estela de turbulencia ocasionada por un avión pesado en ruta de aproximación al aeropuerto.
Determinar las causas probables de los accidentes aéreos es un proceso largo y en ello ayudan mucho las cajas negras, que en realidad son de un llamativo color naranja (se cree que el hecho sombrío y el luto que envuelven un accidente son las razones de que se llamen negras).
La aventurada declaración del señor Riobóo, aunque no se ha hecho realidad, sí ha estado a punto de lograrse cuando el 7 de mayo de 2022 dos aviones de la aerolínea Volaris estuvieron a punto de colisionar entre sí, como se vio en las grabaciones de pasajeros en las redes sociales.
No obstante que los aviones no se repelen en el aire (y a veces ni en tierra) volar sigue siendo una forma segura de viajar.