El lunes de la semana pasada la presidenta Sheinbaum entró sonriente a su “conferencia del pueblo” para anunciar los acuerdos que había tenido con el presidente Trump.
Particularmente con el tema de los aranceles expresó que había logrado pausar un mes su entrada en vigor: “preguntó que ¿Cuánto tiempo quería poner en pausa? Le dije: Bueno, vamos a ponerlo en pausa para siempre (ja, ja, ja). Y me dijo: “Bueno, ¿cuánto tiempo? Le dije: “Bueno, vamos a ponerlo en pausa un mes. Y estoy segura que, en este mes, vamos a poder dar resultados, buenos resultados a su pueblo, buenos resultados al pueblo de México”.
Públicamente el acuerdo fue “poner más Guardias Nacionales en la frontera norte para proteger la frontera y evitar el tráfico de drogas y, en particular, el tráfico de fentanilo”, además de bloquear migrantes.
¿Habrá sido tan fácil doblar al energúmeno Trump con sólo enviar soldados a la frontera (como sucedió en la época del ahora EXpresidente)? Francamente lo dudo. Me parece que hubo, de parte de Trump, una mayor presión con relación a los cárteles de la droga, a quienes insiste en calificar como grupos terroristas, y su “alianza intolerable” con el gobierno.
Un mes de gracia no parece un tiempo adecuado para contener un problema como la migración y el tráfico de estupefacientes. Surgen algunas preguntas: ¿Cuál va a ser el parámetro de medición de los “buenos resultados”? ¿Contra qué variable se va a comparar el trasiego de drogas? ¿Por qué la presidenta propuso ese lapso? ¿Se incluyó en el acuerdo la posibilidad de enviar barcos y aviones para labores de inteligencia y posibilitar el ingreso -abierto o discreto- de fuerzas especiales norteamericanas a operar en contra de los cárteles?
Es curioso que no bien habían terminado la conversación telefónica cuando una aeronave de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, especializado en tareas de inteligencia, sobrevoló varias horas sobre las costas de Sinaloa, en el mar de Cortés, y al día siguiente, frente al puerto de Ensenada, se visualizó a tres embarcaciones norteamericanas, entre ellas un portaaviones que ha funcionado en distintas partes del mundo. Aun cuando la presidenta y los secretarios de la defensa y de marina han tratado de minimizar esa situación, hay que tener presente que la tecnología actual tiene los suficientes alcances para espiar inclusive desde la estratósfera.
Me parece que lo Trump quiere ver, es que el gobierno mexicano actúe decididamente y proceda en contra de personajes importantes, especialmente de la esfera gubernamental, ligados de algún modo al tráfico de droga.
Ante eso, creo que podemos descartar a todos los morenistas y en especial al gobernador de Sinaloa; esa pieza le representa un serio problema a la presidenta: si cae su cabeza, la reacción del EX podría ser radical contra ella; si no cae, no sería menos la reacción de Trump.
Por lo pronto, ayer Trump ya volvió al tema de los aranceles. ¿Caerá alguna cabeza?