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18 de febrero 2025

Mario Maraboto

El 18 de noviembre de 2019, durante su show mañanero, López Obrador sacó un pañuelo blanco y al tiempo que lo ondeaba, afirmó: “Lo puedo decir: ya se acabó la corrupción… ya no van a seguir robando… no se acepta el influyentismo ni la corrupción, ya se acabó el moche.»

En el mismo tono, el miércoles de la semana pasada la presidenta Sheinbaum, sin sacar un pañuelo blanco, afirmó: “Se acabaron los privilegios, se acabó la corrupción…” en respuesta a una lisonjera pregunta sobre los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

Contra la opinión presidencial, no sustentada en estudio o encuesta alguna, el citado índice, producto de la opinión de especialistas, analistas de riesgo financiero, y personas de la academia y de negocios, en una escala de cero a 100, donde 100 es más honestos y cero más corrupto, México obtuvo 26 puntos en 2024… a nada de ser líder mundial en corrupción.

Dicha calificación obedeció, entre otros factores, a la Incertidumbre sobre las reformas de la 4T; la impunidad; bajos niveles de sanciones administrativas; presuntos nexos entre gobiernos y crimen organizado; y contratos gubernamentales con empresas fantasma, o recién constituidas, o controladas por el crimen.

La corrupción ha sido un mal en México desde hace décadas, pero en el sexenio pasado no se acabó con ella sino que se incrementó como nunca. Pocos meses después de que AMLO declaró el “fin de la corrupción”, una investigación reveló el caso de corrupción más grande de su sexenio: los desvíos de más de 15,000 millones de pesos de Segalmex, dirigida por un expriista a quien AMLO defendió como “Una gente buena, desde mi particular punto de vista, que lo engañan puro priista de malas mañas acostumbrados a robar…» Ese expriista, Ignacio Ovalle, sigue sin ser investigado y el fraude continúa impune.

En afán de probar que se acabó la corrupción, la presidenta comentó el miércoles: “¿Cómo se puede explicar, las obras estratégicas que se hicieron…?” ¡Qué paradójico! Los costos de dichas obras (refinería, tren, aeropuerto, entre otras) han permanecido ocultos “por seguridad nacional” y en algunas de ellas se han documentado sobrecostos exagerados y actos de corrupción por parte de funcionarios o familia cercana de los mismos a través de millonarios contratos de obra, sin mayor investigación. Reinan la corrupción y la impunidad.

La corrupción se ha incrementado. No sigamos tragando el cuento de que “se acabó la corrupción” y de que “no somos iguales”.

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