LO BUENO
El proceso electoral del 2027 ya inició. Los panistas tienen en un once inicial, muchos interesados en llegar a la boleta, el principal objetivo de todos: la gubernatura. Morena ya tiene la presencia para ser el partido que competirá por cada espacio a los blanquiazules, sin embargo, no tiene los suficientes perfiles debidamente posicionados, aunque ya trabajan en eso. Las encuestas que salen a diestra y siniestra buscan posicionar a los posibles candidatos, medir al electorado y evaluar preferencias. Lo único bueno en esto, que quizás veamos mejores resultados en aquellos aspirantes, pondrán su mejor esfuerzo, la ciudadanía podría verse beneficiada de ello.
LO MALO
Las encuestas, las reales y bien trazadas con soporte metodológico, son meros retratos del momento; la percepción, popularidad, posicionamiento y simpatías, pueden cambiar de un momento a otro. No son instrumentos confiables. Sin embargo, hay quienes deciden invertir muchos recursos en publicar encuestas (de buena y mala reputación) con tal de influenciar al elector o de tener el respaldo para ir en busca de la anhelada candidatura. Mientras tanto, de aquí al 2027, veremos multitud de encuestas, de todo tipo, con variables resultados y montón de opciones que no definen absolutamente nada.
LO PEOR
La temprana difusión de encuestas sobre perfiles, potenciales candidatos, posicionamientos y simpatías no abona a la participación ciudadana, al contrario, la colma de información con fecha de caducidad sin mayor trascendencia que la del impacto del momento. Adelantar el proceso electoral tampoco abona a la discusión sobre quién es o será el mejor perfil para las campañas, porque aún falta mucho para tomar decisiones. Y ni decir del dispendio de recursos en estos ejercicios, ¿quién los paga?