LO BUENO
Los candidatos a la elección federal del Poder Judicial ya están en la pista, arrancando sus campañas con la humildad de quien no tiene recursos para promoverse. Hay de todo en este desfile: los muy capaces con trayectorias impecables, conocimientos profundos y criterio tan afilado que podrían cortar el aire. Es como ver a los vengadores del derecho desfilar con sus togas planchadas, listos para salvarnos de la injusticia… o al menos para intentarlo con dos pesos de presupuesto y un megáfono prestado. La idea es que el pueblo elija a sus jueces.
LO MALO
Pero, la realidad es más cruel que un juez sin café. A la mayoría de estos candidatos apenas los conocen en su casa, y las campañas estan diseñadas con limitaciones económicas, poca estrategia y un reflector que solo apunta a los populares, no a los capaces. Porque, claro, en este ‘reality show’ judicial no importa si sabes de leyes o si tienes el carisma de un ‘rockstar’; si no sales en TikTok haciendo el baile del momento, estás frito. Los más preparados quedan como esos concursantes de canto más serios que cantan ópera mientras los demás ganan con reggaetón. ¿Resultado? El perfil idóneo se queda en la banca, viendo cómo el ‘rating’ decide quién se pone la toga. Una lástima, pero así es el juego de la democracia 2.0.
LO PEOR
Y ahora, ¡vuelve Celia Maya! La exmagistrada arrancó su campaña como si fuera una estrella en gira de despedida. ¿Qué no se había jubilado? Celia es el ejemplo vivo de que en la 4T los derechos se protegen… siempre que sean los propios. Mientras los candidatos serios sudan la gota gorda con sus campañas austeras, ella desfila con el respaldo de la maquinaria oficial, recordándonos que, en este espectáculo judicial, el talento es opcional, la lealtad es el boleto dorado.