El 7 de marzo de 2024, en plena campaña y de gira en Cadereyta, Claudia Sheinbaum ofreció que, en su presidencia, apoyaría jurídica y materialmente a las madres buscadoras, y presentó una estrategia “República de y para las mujeres”.
A un año de distancia, las madres buscadoras no han hallado el apoyo presidencial. Lo que sí encontraron fue un escenario macabro en un rancho en Teuchitlán, Jalisco, sin que hayan sentido ese apoyo por parte de quien sí llegó a la presidencia de México. Ni en la celebración del Día Internacional de la Mujer la presidenta tuvo un mensaje de solidaridad hacia ellas, sólo la mención genérica a “las madres que nos dieron vida”.
A lo largo de los días, las madres buscadoras han expresado frustración y desilusión debido a la falta de apoyo de las autoridades; sólo las reiteradas expresiones presidenciales de “siempre vamos a estar del lado de las víctimas” (aunque no personalmente sino a través de la Secretaría de Gobernación, y no de todos los grupos de víctimas), y “primero se tiene que investigar” (y, eso, a pregunta de algún reportero, como en el show mañanero del 12 de marzo, reiterado en días siguientes). Ni una palabra de apoyo, pero sí “Lean hoy a todos estos comentócratas” o el menosprecio de “hablan de quién sabe cuánta cosa que hay en el predio, a partir de una fotografía y de algunos testimonios”.
El dolor de grupos de madres que buscan en la profundidad de la tierra a sus desaparecidos sólo ha recibido como respuesta “grupos de la oposición, calderonistas, muchos de ellos… que, de manera hipócrita, ahora resulta que están dolidos por la situación de desaparición, cuando en realidad son parte de una campaña en contra del gobierno” (Show del 17 de marzo).
Tras la reiteración de que “siempre va a haber cercanía y atención a las víctimas” (marzo 20), la burla del envío de “reporteros” al rancho de Teuchitlán para dar testimonio de lo que vieron, apoyando las versiones gubernamentales: “reporteros que se llenaban de tierra la ropa para darle más dramatismo a la imagen”, “aparentemente marcas de bala en la pared”, “yo no vi nada, realmente era la tierra, repito, un hoyo más grande, el montículo al lado y ya”, “había medios que trataban de exprimir hasta la última palabra de las madres y los padres en ese dolor que tienen”. En contraposición, madres buscadoras que testimoniaron la intervención gubernamental en el sitio y la posibilidad de la alteración de algunas partes del rancho.
El movimiento de madres buscadoras no sólo es un grito de amor maternal, sino también un poderoso clamor por principios fundamentales como los derechos humanos, la verdad, y la justicia, además de evidenciar la incapacidad de la autoridad para realizar búsquedas y prevenir las desapariciones forzadas.
Estas madres, unidas por el dolor compartido, dedican sus vidas a rastrear pistas, organizar búsquedas en campo y a alzar sus voces ante la indiferencia gubernamental. Más que “estar siempre al lado de las víctimas” Sheinbaum debería sensibilizarse para ponerse en el lugar de las víctimas.