LO BUENO
La CTM, liderada por el aguerrido Cruz Araujo, ha decidido tirar la toalla con los desfiles del 1 de mayo, y no podemos culparlos. ¿Quién necesita marchar bajo el sol abrasador, con pancartas descoloridas? Según Araujo, los militantes de Morena se colaban en la marcha para gritarle cosas feas a las autoridades estatales, y eso, le quitó el glamour a la tradición. Mientras tanto, Erik Osornio de la CATEM propone cambiar el desfile por un evento con regalitos. ¡Eso sí es progreso sindical! Menos sudor, más confeti; no suena nada mal, al menos para los dirigentes y las autoridades.
LO MALO
Los colaboradores de las empresas, dice Araujo, ya no quieren saber nada de desfiles, y uno los entiende: ¿quién quiere marchar por derechos laborales si te van a gritar consignas en la oreja? La CTM pide respeto al origen de la fecha, que “le costó la vida a muchos trabajadores”, pero parece que el memo no llegó a tiempo. Y mientras la CATEM planea su fiesta sindical, queda la sensación de que el 1 de mayo pasó de ser una lucha histórica a una excusa para pregonar la paz laboral sin darle voz a las quejas, demandas y necesidades que puedan tener los trabajadores. Porque una cosa es tener paz laboral, otra muy distinta el que se reconozcan, atiendan y resuelvan las inquietudes de los trabajadores.
LO PEOR
El Día del Trabajo, esa fecha sagrada de lucha obrera, ahora es un “paso hacia atrás” que termina en eventos corporativos con café de olla y discursos tibios. Y la CATEM remata con su joya filosófica: “llevar al trabajador forzado a asolearse con una pancarta” es cosa del pasado. Mientras los morenistas arman su alboroto y los líderes sindicales se rinden, los trabajadores se quedan sin desfile, sin voz y con la duda de si el regalo de sus líderes sindicales será una taza con logo de la empresa o un vale para tacos. ¡Feliz Día del Trabajo, donde la lucha se negocia en la comodidad de las oficinas sindicales!