Nadie pondría en duda que defender a sus seres queridos, a sus ciudadanos o a sus hijos es algo negativo. Al contrario, es un valor defender a la familia, la patria o los ideales. Sin embargo, el resultado de muchas defensas similares ha terminado en guerras, en más daño y destrucción afectando más a los seres queridos. Por ello, es bueno contar con datos clave que nos muestren los efectos a corto, mediano y largo plazo.
En el mundo, vivimos muchos efectos de políticas en defensa de algo que terminaron pagando más que el mismo beneficio que buscaban. Pero es imposible saber qué pasará y la ilusión de un futuro mejor nos ha llevado a todos a decidir algo que terminó, como dice la frase: más caro el caldo, que las albóndigas. ¿Existen teorías o metodologías que minimicen esta probabilidad de crisis o desastre anticipado?
Las teorías de planeación y solución de conflictos coinciden en que las decisiones participativas ayudan por varias razones. Un compromiso por seguir un fin común, una visión compartida con muchas experiencias y opciones de ajustar cuando son necesarios los ajustes de timón. Pero todas apuntan a fijar indicadores para medir el avance hacia el objetivo definido. ¿Qué buscamos ahora? ¿Mayor PIB ¿Más exportaciones, bienestar, salud, educación, paz positiva…? Fijemos indicadores para medir.