La semana pasada, la presidenta Sheinbaum participó en la IX Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en Honduras, en donde reafirmó el pensamiento de la 4T enmarcado en lo que llaman “Humanismo Mexicano”.
El humanismo se centra en dar valor y dignidad al ser humano, traducido en trato digno a la persona concediéndole un potencial de autorrealización. Pero el régimen de la 4T lo ha traducido, no en una política pública, sino en politiquería reflejada en una frase: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
Ya desde su toma de posesión, la presidenta se refirió a los principios de ese humanismo ideológico. El primero fue que la prosperidad debe ser compartida, pero para que eso suceda, lo primero es lograr la prosperidad, especialmente la económica, del país. Hasta ahora, lo único que se ha compartido a los pobres es una “pensión” que, aunque en algo ayuda, atenta contra la dignidad de los que menos tienen al restarles el potencial de autorrealización del humanismo universal.
Otro de sus principios es la llamada “austeridad republicana” traducida en la frase “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre” y dijo que “el gobernante debe vivir en la justa medianía sin lujos, parafernalias, o privilegios”. Cuando el anterior presidente ganó la elección, dijo que buscaría un modesto departamento para vivir cerca de la Plaza de la Constitución. Lo encontró, aunque no muy modesto, ya que está dentro de Palacio Nacional y es el mismo que ahora, “modestamente, sin lujos o privilegios”, ocupa la nueva presidenta.
En aquella ocasión también se refirió a que las y los gobernantes deben ser honestos. La honestidad no es sólo, como ellos mismos lo dicen, no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, sino ser sinceros, no engañar y no manipular a conveniencia.
La misma semana pasada se le preguntó a Sheinbaum sobre los actos anticipados de campaña de una senadora que quiere ser candidata a una gubernatura, a lo que respondió: “creo que tiene que haber reglas, no se debe adelantar nada”. ¿En dónde quedó su honestidad al no reconocer sus tres años anticipados de campaña para llegar a la presidencia?
Confucio señalaba tres grados de honestidad: El primero (Li), busca satisfacer los propios intereses y el bien personal a corto o a largo plazo, sin importar los demás; un nivel superior (Yi ) trasciende el interés personal, busca la justicia y contempla las necesidades y el bienestar de los demás; el nivel más elevado de honestidad (Ren) surge al alcanzar un sentido de fraternidad y humanismo tal, que trata a todas las personas como parte de uno mismo.
Me parece que el nivel de honestidad de la cuatro T, y en especial de la actual presidenta, pretende quedarse en el primer nivel confuciano y no trascender al humanismo que abarca a todas las personas. Este nivel, creo, es el humanismo mexicano.