El documento de Sheinbaum, presentado en el Consejo Nacional de Morena, es un esfuerzo loable por recordarle al partido sus raíces. Los 10 puntos, que van desde la unidad y la honestidad hasta la prohibición de coludirse con el crimen organizado, suenan como un manual para el político ideal, ese que todos soñamos, pero rara vez vemos. La condena al nepotismo, el influyentismo y el derroche de recursos públicos es un guiño a la ciudadanía que está harta de excesos. Además, la exigencia de candidaturas respaldadas por encuestas populares también refuerza la narrativa de un partido que escucha al pueblo, un punto que, al menos en el papel, brilla como una promesa de democracia interna.
LO MALO
Morena es una maquinaria política donde las ambiciones personales y las pugnas internas son muy comunes. La unidad que Sheinbaum pregona ya muestra grietas en el Congreso, donde los legisladores parecen más interesados en posicionarse que en legislar. La austeridad y humildad que se exigen chocan con la imagen de algunos morenistas que, aunque no viajen en jets privados, no dudan en ostentar su influencia. Las campañas anticipadas y los jaloneos ya están en marcha, y un documento no bastará para apagar el fuego de las ambiciones.
LO PEOR
El mayor peligro de este decálogo es que se convierta en un mero ejercicio de relaciones públicas, una cortina de humo para calmar a una ciudadanía escéptica y a un partido fracturado, porque exactamente los mismos síntomas que padece el partido a nivel nacional los sufre el partido a nivel local. El decálogo podría ser visto como un intento de lavar la cara del partido sin abordar los problemas de fondo. La idea de un instituto de formación política suena bien, pero ¿quién garantizará que no se convierta en una fábrica de propaganda? Si el partido logra traducir estos principios en acciones concretas, podría fortalecer su legitimidad. Pero si el decálogo queda en palabras, será solo un recordatorio de que, en política, las buenas intenciones son como un espejismo en el desierto: hermosas, pero inútiles.