Mauricio Cárdenas Palacios/Diputado local por el VI distrito
A veces, los gobiernos responden… pero no actúan. Celebran lo que no lograron evitar y se callan ante lo que realmente afecta a millones de familias mexicanas.
Eso es lo que está ocurriendo con el nuevo impuesto del 3.5% aprobado por Estados Unidos a las remesas enviadas a México.
El proyecto original contemplaba un 5%, y aunque el recorte se presume como logro diplomático, lo cierto es que solo revela la falta de estrategia y de fuerza en nuestra política exterior.
Por cada 600 dólares enviados —que en muchas familias representan el ingreso mensual completo— se perderán hasta 30 dólares. Lo que para algunos puede parecer una cifra menor, para otros significa una semana de comida, medicinas, útiles escolares o el pago de una renta. Es dinero que ya no llegará a miles de hogares.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho tener una relación “cordial” con su homólogo Donald Trump. Pero ¿cómo puede haber cordialidad cuando se golpea directamente a la economía de millones de mexicanos que sostienen a sus familias desde el extranjero?
En 2024, México recibió 64,745 millones de dólares en remesas, de acuerdo con el Banco de México. Y lejos de ser un lujo, se estima que el 85% de ese dinero se utiliza para cubrir alimentos, salud, vivienda y educación.
Hablar de estabilidad económica mientras se depende del esfuerzo de quienes tuvieron que irse por falta de oportunidades, es una paradoja que debería incomodar a cualquier gobierno.
Celebrar que el impuesto bajó del 5 al 3.5% no es una victoria: es aceptar que el golpe venía y resignarse a que duela un poco menos. Lo verdaderamente alarmante es que no existe una estrategia federal para enfrentar este impacto. No hay política pública, ni medidas de compensación, ni acciones concretas para amortiguar las consecuencias en los hogares que dependen de ese ingreso.
El gobierno federal se limita a administrar la crisis, no a prevenirla. Reacciona con lentitud y sin dirección, mientras millones de familias mexicanas pagan el precio de su inacción.
El gobierno federal ha optado por una relación exterior reactiva, sin firmeza ni estrategia. Más que construir una agenda bilateral sólida, responde con silencios o concesiones, sin levantar la voz ante decisiones que dañan a quienes sostienen buena parte de nuestra economía desde el extranjero.
En Querétaro también tenemos historias de esfuerzo migrante. Miles de familias dependen de ese ingreso, tan solo hay que ver las cifras, entre enero y marzo de 2025, nuestro estado recibió 278.6 millones de dólares por concepto de remesas. Eso representa el 2 por ciento del total nacional. Nos colocamos en el lugar 17 entre las 32 entidades federativas, dentro del grupo de 18 estados con mejor desempeño, esto de acuerdo con cifras del Banco de México. En Querétaro sí nos preocupamos por nuestros paisanos, por eso contamos con acciones para atender a los migrantes como el Seguro de Desempleo y el programa de apoyo para migrantes que consiste en la entrega de hasta 30 mil pesos que podrán destinar a la compra de maquinaria, equipo y herramientas de trabajo para arrancar su propio negocio.
Por eso, desde el Congreso local, no podemos quedarnos callados. Las remesas no deben ser una muleta económica permanente, sino un puente temporal hacia un país que sea capaz de ofrecer prosperidad desde dentro. Pero para lograrlo necesitamos visión de Estado, no discursos fáciles ni respuestas improvisadas que solo buscan apagar el fuego del momento.
Debemos ser más firmes, más claros, más exigentes. El problema no es solo que existan impuestos a las remesas; el verdadero problema es que no existan soluciones nacionales que prevengan la dependencia de esos recursos. Que no haya voluntad para defender a quienes, desde lejos, siguen sosteniendo a este país con su trabajo.
Las familias mexicanas merecen más que discursos y celebraciones a medias. Merecen gobiernos que den la cara por ellas, aquí y allá. Merecen un México que no se conforme con mitigar daños, sino que se atreva a evitarlos. Que no viva de remesas, sino de oportunidades.
Y para lograrlo, se necesita algo más que voluntad: se necesita compromiso, firmeza y verdadera visión de futuro. Desde Acción Nacional, seguiremos alzando la voz para exigir políticas públicas que estén del lado de nuestra gente, de quienes trabajan con dignidad, dentro y fuera de nuestras fronteras.