Toda elección concentra el foco en la persona o partido que logra la mayoría. Sin embargo, la primera pregunta es: ¿la mayoría de qué? Por ejemplo, un candidato que logra el 80% de votos con participación del 20% no es mayoría. Para contar es importante comenzar con la frase que escuchamos en la escuela: “no se pueden sumar peras con manzanas”. La tasa de participación nos da la primera información, pero por la forma en que se estructura no hay dirección o sentido de esa información. ¿Por qué?
Imagine una votación con participación del 30% contra otra del 50 o del 80%. Cada una cuenta historias distintas. Las preguntas serían: ¿hay una tasa natural de no votación? ¿por qué no quieren votar? Las respuestas nos pueden indicar sobre la confianza a los candidatos o al proceso. En México ya hemos tenido elecciones que algunos sectores de la población preferían anular su voto como protesta a la falta de confianza. Si una casilla de la boleta permitiera registrar esta información podría ser muy valioso.
El principio democrático es que votemos para no quejarnos de quienes son nuestros gobernantes y por ello es mejor votar que no hacerlo. Pero hay un porcentaje de la población que a pesar de querer hacerlo no puede por motivos de viaje, enfermedad, tiempo, trabajo, etc. Salgamos a expresarnos y en caso de que alguien no crea en el proceso o los candidatos, puede organizar acciones para pedir cambios de cualquier tipo. Siempre hay instancias y dicen que es mejor intentar que conformarse. ¿Usted qué opina?