La escena literaria en Querétaro no es sencilla y esto se debe a un simple obstáculo: las escritoras y escritores, en especial, quienes formamos parte de algún colectivo desde el que se establecen parámetros arbitrarios sobre quién lo hace bien o mal. La pertenencia se determina más desde la simpatía (o, de manera más frecuente, desde la antipatía) y, también así, se decide quién merece ser leído o no, quién puede recibir apoyo para participar en un evento o no, formar parte de una antología o no, merecer un simple saludo o no.
Si te identificas con un grupo, los del otro te etiquetan y te apartan. Lo literario es lo de menos: solo importa que alguna de las “vacas sagradas” te dé su bendición, pero cuidado si en lugar de eso te elige como antagonista porque, entonces, ninguna puerta literaria se abrirá.
Como respuesta a ello, algunos decidimos hacerlo diferente y, por eso, conformamos el colectivo Madre Tinta, en el que caben todos/todas/todes, donde abrazamos la pluralidad, donde hasta los integrantes de otros colectivos son invitados, siempre que quieran sumar. Aquí, la puerta siempre está abierta, ¿quieres entrar?